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Miércoles, 19 de octubre de 2005

Mi mejor amigo

(breve aclaración: esto lo escribí en un ataque de calma cruda, en un momento en el que tenía la mente despejada aunque se agitara. Yo sólo he tenido un amigo íntimo. Uno de aquellos con el que creces juntos desde muy pequeño y que ya va asociado a ti de forma inseparable. La típica pareja de entrañables ciraturas que se adoran con la amistad más real, serena y profunda...

Pues digo que sólo he tenido un amigo de este tipo porque él se mató en un accidente. Hace ya unos dos años. Fue por entonces que escribí lo siguiente)

Ya han pasado casi tres semanas de lo de Juan Antonio. Me ha dejado jodido, bastante jodido. Era mi amigo del alma, como se dice para entendernos. Llevábamos ya muchos años viviendo en ciudades distantes. Nos veíamos menos esos últimos años pero, a decir verdad, nunca dejamos de tenernos presentes en la vida del otro y nos acordábamos continuamente con tanto atino que sólo deseábamos estar al instante los dos en el mismo lugar. Cuando nos veíamos, volvíamos a recuperar de inmediato nuestra manera de llevarnos. Siempre nos sentíamos como si hubiésemos estado toda la vida sin separarnos. En definitiva, como la típica historia de dos amigos inseparables pero con la única diferencia de que me ocurría a mí en la realidad y de que no lo sentía porque me lo contaran o lo leyera. Excepto eso, te puedes imaginar quien era él para mí.

Pero ya no está. Ni estará. Pero supongo que estoy tranquilo.

Ya he valorado mil veces lo que ha cambiado todo ahora que él no está. Ya soy consciente de que él será siempre aquel amigo increíble que tuve cuando era joven. Ya sé qué papel ha cumplido y cuánto puedo haber cambiado yo después de todo esto. Ahora me queda recordarlo con una sonrisa y concederle pequeños homenajes por el aprecio y amor profundo que le tenía. Además, ciertas de sus virtudes me sirven como estímulo para que lo imite y yo mejore: era voluntarioso, muy esforzado, hasta cabezón, como las hormiguitas y las abejas obreras. Además, tenía ese punto de inconsciente que le salvaba de tomarse las cosas demasiado en serio porque sabía en el fondo que la vida es un poco absurda y no hay que olvidarse de disfrutarla un poco.

Pues eso, que ya estoy mejor. He reflexionado desde siempre sobre la muerte como cualquier otra persona normal y siempre me he sentido un poco gilipollas y también bastante impotente. No me sirven los planes mesiánicos del cristianismo, ni la asunción fría de los materialistas o ateos. Tampoco los que hablan de energías y que lo reducen todo a 'buen rollo', a una especie de paz y armonía que nos atraviesa a todos y a todo, de forma que fluimos de ser en ser eternamente. Por ahora me quedo con que aparte de poseer una entidad física, carnal, limitada, momentánea, también poseemos una entidad espiritual por el cual hacemos las mayores de las atrocidades como también hacemos las mayores de la heroicidades o bondades. Contravenimos las reglas de la naturaleza, violamos el instinto de supervivencia y de perpetuación de la especie. Estamos capacitados para entender lo que significa la felicidad y también para sentirla. Tanto amamos, tanto sufrimos. Distinguimos el bien del mal y nos hablamos para estar más unidos o para engañarnos y conseguir algo a cambio.

No sé, somos diferentes, somos algo más que el pellejo que nos cubre y los latidos que, tal como empezaron una vez, en cualquier momento pueden parar. También participamos de una naturaleza inmaterial, de un espíritu. Y entre espíritus anda el juego. En definitiva, somos herencia todos de lo platónico y de la dualidad. Desde los griegos hemos avanzado poco en ese aspecto. Joder, qué quieres qué piense: mi educación se basa en el occidentalismo-cristianismo que, a su vez, se basa en el judaísmo-platonismo. No conozco otras asideras donde agarrarme para explicarme las cosas. Pues eso, que creo firmemente en nuestra parte espiritual cuyas reglas por las que se rige, ni las conozco, ni las entiendo, pero las intuyo. A partir de ahí, ya no soy capaz de seguir. No sé para qué servimos, cuál es nuestro papel, ni siquiera si realmente asumimos algún papel. No sé qué pasa después, si pertenecemos a alguien. Pero no me importa.

La vida tiene ese toque absurdo que te impide estar tranquilo al completo, que te imposibilita estar consciente de que lo tienes todo bajo control y bajo tu conocimiento. Ese toque absurdo que nos devuelve la intriga, la curiosidad, las ganas de seguir probando, el sin remedio de confiar en la suerte o en el día de mañana para ver si todo tiene más sentido o para ver si uno se encuentra mejor.

Yo me quedo además con esa parte espiritual con la que somos capaces de hacer cosas por los demás, de preocuparnos de algo que no va contigo, ni te va a suponer comodidades o satisfacciones. Esa parte que te hace olvidar quién eres y te hace pensar qué puedes hacer por los demás. Eso me gusta. Me gusta mucho. Y no espero ser recompensado porque no sé que hay después. Tan sólo sé que emplear la vida de esta manera sí que me ilusiona, sí que me arranca para moverme. Disfruto. Lo absurdo lo dejo aparte como esos granos de pimienta en la comida que no hay quien se los coma pero que sin ellos el plato no sólo sería otro, sino que no tendría gracia, ni sabor.

El caso es que supongo que ya habrá siempre algo menos a lo que no llegaré en todo lo que sienta o viva. Lo que teníamos entre mi amigo y yo me brindaba un último brochazo final a todo cuanto pudiera hacer y le confería al lienzo un grado de brillo y relieve que la obra jamás podría alcanzar por sí sola. Pero no estoy tan solo. Además, es cuestión de habituarse a lo absurdo, a la incongruencia matemática de no poder tocarlo cuando sé que está vivo. Lo que no sé es dónde ni en qué manera...

Por: Genadie | De uno que grita en silencio | Comentarios (5) | Referencias (0)

Comentarios

Si bien no sé lo que es que fallezca un amigo tuyo, sí se lo que es perderlo en otros sentidos.

Yo he tenido más de un amigo íntimo, hasta que me he cansado de perderlos. Hace algunos años decidí no volver a tener amigos íntimos... supongo que por miedo a perderlos, y he de decir que en ese sentido me va muy bien.

Fizban | 19-10-2005 21:38:47


FizBan: me mola tu blogg, ¡actualizálo más, hombre...!

Considero que a un amigo íntimo sólo se le pierde cuando se lo traga la tierra... y tampoco está tan perdido... del resto, nadie se libra de perderlos. Mi manía es tratarlos como a hermanos y cruzar los dedos para que no se marchen... ¡y me va funcionando a mí también!

(con permiso de mi amiga Elena, la única; y de mi amigo Alberto, mi sustento)

¿Y para cuando las cañas y así nos sacudimos un poco este polvo grave de encima?

Genadie | 19-10-2005 21:58:22

Suerte que existe lo absurdo. Sin ello, la vida sería tan tremenda, terrible y arrolladora (y eso es bueno, pero también es malo) que apenas podríamos con ella.

Me alegro de no haber tenido que escribir nunca un post como este.

crispa | 19-10-2005 22:35:06

Que profundo, que bonito. Yo he perdido dos amigos intimos, mi abuelo y a mi padre.

Me ha encantado me ha parecido precioso.

Muchos, besos.

N03M1 | 20-10-2005 11:20:09

yo queria que me lo contara el altavoz

eva | 08-05-2006 20:55:28

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