Martes, 22 de noviembre de 2005
Muy buenas, chicos. Sigo igual de ocupado. Demasiado ocupado. Pero me da remordimiento no actualizar el blog. Y, sobre todo, me da remordimiento no visitaros en los vuestros. Prometo que en breve me pegaré una larga e intensa excursión para veros en vuestras casas y para dejaros mi impresión ante lo que me contéis. Si dejarárais de visitarme, os entendería perfectamente. Pero guardadme café hecho porque muy pronto os llamaré a la puerta. Hasta entonces, os dejo un pequeño relato que he escrito hoy para darme una pausa en el trabajo. Estimo que no voy a salir de la oficina hasta las once de la noche (llegué a las nueve de la mañana). Y necesitaba desconectar un poco. Esto es lo que me salió. Espero que os guste. Y dejadme que os sirva una taza, ¡que acabo de preparar café para vosotros! Besos y abrazos. Ahí va:
Mamá tuvo una hijita muy linda que le llenó su vida de intensísimas alegrías, esperanzas e ilusiones. Sin embargo, en muchas ocasiones, no podía evitar preocuparse más allá de lo razonable. Bastaba con que no la tuviera a la vista, para imaginarla sola y en problemas. Pero el acontecer diario compensaba esa fuerte y continua aprensión con los pequeños y grandes instantes en los que mamá y su preciada criatura se entregaban la una a la otra de manera absoluta. Era entonces cuando los relojes se paralizaban y la realidad del alrededor se suspendía como en imágenes congeladas. Unos segundos después, todo desaparecía para dejarles solas a ellas dos.
Con su hijita, mamá había encontrado, sin darse cuenta, un faro con el que guiarse, un punto donde fijar su atención y centrar todos sus esfuerzos. Se liberó, también sin darse cuenta, de su individualidad y de los anhelos de su persona, para volcarse de lleno en ella. Era como separarse de sí misma, olvidar las lastras angustiosas que arrastraba sobre su propia condición y existencia, para objetivar en una persona externa a ella todas sus preocupaciones y deseos. Todo ello, sellado con el cemento glorioso y abnegado de ser madre. De ser madre de una niña real y adorable que crecía y vivía.
Sin embargo, la niña dejó de crecer. Al principio, mamá creyó que su hijita no llegaría a ser demasiado alta o que daría un estirón más tarde. Pero los años seguían pasando y la niña no crecía. Cumplió diez, doce y quince años, y ella seguía teniendo la misma cara angelical de cuando tenía seis años. Y el mismo cuerpo. Y las mismas piernecitas, los mismos bracitos. Dieciocho, veinte y veintidós años. Y la que ya era mujer seguía con la misma cara de niña. Y con el mismo cuerpo.
Mamá estaba angustiada. Mamá sufría. Mamá llevó a su niña a decenas de médicos. Mamá llevó a su niña a decenas de curanderos. Mamá lloró y se desesperó durante una agotadora lucha de años de visitas, consultas y lecturas. Mamá se extenuó hasta dar su último aliento en la búsqueda de alguna información o ayuda que pudiera explicar la situación de su hija. Mamá recorrió un calvario de más de quince años donde exprimió hasta la última gota de su sudor, de su energía, de su esperanza. Más de quince años avanzando hacia la destrucción lenta y constante de sí misma. Semanas enteras de angustia a las que les sucedían nuevas semanas de mayor angustia. Más de quince años así. Y mamá murió un día. Fue una mañana en la que amaneció y ya jamás pudo despertar y ya jamás consiguió levantarse de la cama. Esa mañana no abrió los ojos, ni lo hizo nunca más. Allí permaneció. Allí murió.
Pero lo más curioso era que la hijita jamás había dejado de comportarse como la niña de seis años que era. Parecía como si no fuera consciente de su anormalidad. Cuando llegó a esa edad, se mantuvo en ella sin ninguna extrañeza, ni sorpresa, ni problema. Sonreía siempre, al lado de mamá, como si permaneciese ajena por completo a la situación real en la que se encontraba. Jamás se le oyó un lamento. Jamás se le oyó una queja. Era como aquellas niñas buenas que desde muy pronto aprenden a entretenerse con poca cosa. De esas que en seguida se vuelcan en cualquier juguete que les des. O en cualquier juego que les hagas. Se divertía sola, con muñecos, con pinturas para colorear, con plastilina, con cromos, con maquinitas de colores y sonidos. Se divertía con las carantoñas de los adultos, con las canciones que le cantases, con los cuentos que le contases. Se divertía con otros niños, en los parques, en la calle, en las innumerables salas de espera por las que pasó. Era una niña buena. Y hacía siempre preguntas. Si no estaba jugando, siempre hacía preguntas. Y mamá procuraba olvidar su angustia y hacía un esfuerzo ímprobo por contestarle o explicarle las cuestiones que le planteaba la niñita. Comía sin problemas. Nunca lloraba y dormía cuando tenía que hacerlo y no despertaba hasta que mamá la llamaba. Así, durante los quince años que duró el infierno en la tierra por el que pasó mamá. Lo único que no encajaba en su comportamiento de niña buena era cuando ni jugaba, ni preguntaba. Era cuando, sin embargo, se quedaba callada. Sólo te dabas cuenta al rato, cuando de repente, percibías que se había producido un silencio a tu alrededor. No se oía el ruido de ningún juguete, ni la voz de ella, ni la de nadie que estuviera a su lado. Sólo silencio. Un silencio absoluto. Un silencio nervioso y cargado de miradas. De sus miradas. De las miradas de la niñita. Era entonces cuando mamá se desconcertaba. Nunca supo entender lo que quería expresarle su criatura con esas miradas. Se le quedaba con los ojos clavados en los suyos, con la cabecita un poco ladeada hacia la izquierda, con el ceño fruncido y los ojos llenos de ternura pero también de desacuerdo. ¿Desacuerdo sobre qué, preciosidad mía?, se preguntaba mamá a sí misma. Venga, bonita, no te pongas así, dime, ¿qué te pasa? ¿en qué piensas? ¿estás bien? Pero eran preguntas inútiles. La niña siempre permanecía callada. Como mucho, cruzaba los brazos. Pero nunca pronunciaba palabra alguna. Sólo esa mirada de ternura y de desacuerdo.
Recuerdo que cuando mamá murió, no me permitieron la tutela de la niñita porque no era un familiar directo. Los servicios sociales se hicieron cargo de ella. Y yo la estuve visitando a diario hasta que el caso de la niña que no crecía llegó a instancias superiores del gobierno y se comprobó la verdadera fecha de nacimiento de la hijita de mamá. Fue entonces cuando la niñita desapareció. Pedí explicaciones de su desaparición a la autoridad de mil formas y maneras. Intenté que la prensa difundiera la historia pero nadie me creyó. Incluso sentí el rechazo de gente cercana del barrio donde vivía y de la oficina donde trabajaba. Me cansé de preguntar en ventanillas y despachos. Me cansé de entrevistarme con gente de todo tipo. Personas que en un principio se mostraban interesados en el caso pero que en seguida se volvían huidizas y esquivas. Me cansé de rellenar formularios, peticiones y reclamaciones. Me cansé...
Ya han pasado treinta años desde que mamá murió. Treinta años desde que la niñita desapareciera. Por lo que, al día de hoy, ella tendría que tener cincuenta y un años. Y sin embargo, sólo tendrá seis. Y vivirá y sentirá como una niña que no se asombra de lo que sucede a su alrededor, como si jamás pasara el tiempo y siempre estuviera en el mismo año. En el año en el que cumplió sólo seis.
MORALEJA EN EL SIGUIENTE POST.
SUGERENCIA: QUE LO INTERPRETÉIS A VUESTRO ANTOJO PORQUE NO TIENE UNA ÚNICA MORALEJA O CONCLUSIÓN O MENSAJE.
Por: Genadie | General | Comentarios (22) | Referencias (0)
Hola, pieza....he llegado la primera a comentar?...
Bonito e intrigante post, para celebrar tu vuelta. Se me ocurren varias moralejas, pero mejor me las guardo hasta ver la tuya.
Me tomo una taza de tu café, mientras te espero sentada, porque sabes?, una servidora seguirá visitandote...
besos.
blenfes | 22-11-2005 17:59:45
En primer lugar, gruñido por la tardanza de tus actualizaciones... pero te perdonamos.
Sobre la historia... creo que voy a pensarlo un poquito antes.
crispa | 22-11-2005 23:09:39
Toy mu mal para leerme todo eso ahora. Te prometo que lo leeré como mucho esta tarde.
Ponme un cafe supermegahipergrande doble o triple. Creo que irá bien con una garrafa de 5 litros
Fizban | 23-11-2005 08:35:32
Pues voy a coger aire porque se me ha perdido hasta la nariz...vaya historia..tremenda forma de desconectar!!
Me pillo un café y me siento por acá esperando tu moraleja
besitos!
Nica | 23-11-2005 09:00:54
Mamá dedicó tanta de su energía, de su fuerza, que se la entregó a su hija. Tal vez cuando pasaron los años que en justicia debían haberle quedado a la madre, la niña dejó atras los seis años.
Y comenzó a crecer, después de ser una niña por tantos años prestados.
crispa | 23-11-2005 09:35:43
Me ha gustado mucho tu historia y la forma que tienes para contarla, pero ahora no estoy como para pensar en moralejas jejeje igual con un cafecito bien cargado me espabilo :p
laurita_xim | 23-11-2005 10:26:18
Como sólo ofr´cías café y soy una maleducada ( amén de haber aprovechado tu ausencia para que no pudieras regañarme) he revuelto tu cocina en busca de una taza y de algo de chocolate caliente. Espero que no te moleste, ya que he devuelto todo a su lugar original: el cacaco en la lavadora, la taza en la despensa, la cucharilla en el frigorífico...
También tú has revuelto mi mente con tu historia, así que estamos emptados ( y debo decirte que hay ciertos sentimientos que van en el armarito del lado izquierdo del cerebro, por si se te ocurre volver a trastear por allí)
Nadie se moja ( más que los labios en el café) y yo nunca fui especialmente atrevida. Pero, sin embargo, daré mi versión de la moraleja. Y la daré porque esa moraleja es la que me recuerda a mí, a mi mamá ( o a mi papá) y a mi vida. Enternecedor, ¿verdad?
Obviando las últimas frases, que me quearon excesivamente empalagosas, diré que cuando los papás se vuelcan demasiado en sus hijos, pueden hacer que no crezcan como deberían. A veces pienso que a mí me paso, y en cierta forma me rebelo, pero no lo consigo del todo ( aunque sobrepaso la simple mirada de desacuerdo)
Siempre hay que mantener la individualidad, los deseos, las aspiraciones, las ilusiones... Nunca dejar de ser uno mismo ni renunciar a tu vida. ¿Ni siquiera por los hijos? Es que yo creo que no es necesario...
Besitos
PD. Sorry por el rollazo xD
Shamandalie | 23-11-2005 12:04:13
Pienso q era la madre q no dejaba crecer a la niña, y ella la veia como una niña de 6 años, y cuando murió la niña desapareció, pq se convirtió en una mujer.
Seguro q tiene una moraleja muhco más elaborada, pero no se me curre otra cosa. Jejejejeje.
Bueno te dejo preparadao café por si t epasas por mi casita, jejeje.
Un besitooo.
Meriel | 23-11-2005 14:58:45
Vale, ya estoy algo más recuperado ( que no despierto ). Para mi que la cría es un vampiro, como la de Entrevista con el Vampiro, y por eso no crece nunca.
Fizban | 23-11-2005 16:29:43
Interesante el post e interesantes las interpretaciones, que en realidad son muy ciertas. Hay padres que no permiten crecer a sus hijos, hijos que se niegan a ello y otros que sí lo hacen pero no para sus padres (da igual la edad que tengas, que siempre serás el-la niñ@ de mamá).
Pero por otro lado quedan esos momentos de silencio de la niña y de mirada demoledora... Parece una mezcla de agradecimiento, cariño y reproche. Puede ser por tantas atenciones y que la niñita no fuera tan inconsciente de la situación como el narrador y la madre pensaban.
Aunque la idea de Fizban es buena, eh? ;)
Besos!!
Hell | 23-11-2005 20:46:05
Me dejas expectante de esa moraleja!!!
Un beso grandoteee y mil gracias por acordarte de mi y felicitarme!!!
GirlCanRock | 23-11-2005 21:04:35
Ey, familia! Besos a todos. Me encanta leeros. Pero los que no dieron su interpretación, ¡que se mojen! Todas las ideas tienen sentido y hacen a la realidad más compleja y deliciosa... Blenfes, Nica, Laurita Xim y Girl: espero vuestras respuestas, y conmigo también esperan los que comentaron... a los demás, ¡me encantaron vuestras moralejas! No había pensado en ninguna de ellas, lo juro. ¡Y me encantan! Mamá, niña y narrador representan para mí tres estereotipos de la sociedad actual... pero ya daré detalles en el siguiente post... ¡que rule la cafetera, que por ahí veo tazas vacías...!
Genadie | 24-11-2005 12:30:03
Ufff, precioso el relato, pero puede haber varias lecturas...
Sigue escribiendo cosas así...
Saludos...
Pd: Ah para mi, colacao por favor
Maki | 24-11-2005 23:02:27
Hola!!! Gracias por tu comentario en mi blog :) (eso lo primero)
Lo segundo, ¿Puedo pedir un cafetito? :)))
Ahora mismo no te puedo leer, pero te prometo que te leo cuando pueda y te comento :)))
Besos!
PD: Por desgracia (o suerte, no sé) no lo consigo todo, pero ganas no me faltan jajajaja :PP
tielci | 24-11-2005 23:49:06
Si cambiaramos el "físico infantil" perenne por el de la inmadurez perenne, por desgracia, no nos daría tanta pena la pequeña Lulü y su mami no se hubiera comido tanto la cabeza, sacrificando por duplicado sus ilusiones. Uff!!
La explicación puede que sea muy trétrica pero al terminar de leer tu tierna historia me he preguntado esto..
¿Que pasaría si la niña crece físicamente pero no crece es su cerebro? Eso lo traduje como inmadurez y por eso te soltado toda esta piltrafa.
- Pido perdón-
Ahora, necesitamos que te pegues estos relax's de vez en cuando que viene bien!! (te lo dice una estresada drogadicta de tranquilizantes).
Mi café si eres tan amable, por favor, con dos pastillas de Orfidal. Gracias;-)
Alo bada | 25-11-2005 00:32:24
Pues yo venía con varios trajes de baño, para mojarme de varias maneras, pero creo que padezco la misma enfermedad que tú..."falta de tiempo".
Así, que me relleno mi taza para aguantar el ritmo, y cruzo los dedos para que el fin de semana me devuelva algo de tranquilidad, para deambular por aquí sin prisas.
blenfes | 25-11-2005 14:19:06
Te acabo de escribir un comentario y me salió error. Puedes mirar a ver si está en la parte de pendientes x aceptar??
Es q era medio larguito y jo!!
besotes
Diablilla | 25-11-2005 19:43:27
Weno, aquí intentándolo otra vez a ver si me acuerdo.
Te decía q estaba de acuerdo con Meriel, q lo q en realidad podía pasar, era q la madre se empeñaba tanto en q verla como una niña, q era por esa razón q ella actuaba como tal. De ahí podría venir el silencio y q fué al morir la madre, cuando desapareció la niña, para dar paso a la mujer q estaba deseando salir, y q hasta este momento no pudo.
Creo q era algo así, lo q te puse antes q no se guardó.
besotes ;)
Pd1.El email cuando tú quieras y puedas. Lo esperaré encantada!!
Pd2.Mientras q vuelves, me puedo servir un manchao templao con doble de azúcar??? xD
Pd3.Q pases un buen finde. Descansa, relájate y distráete q falta te hace.
Diablilla | 25-11-2005 20:37:00
Hola! Bueno, por fin te he podido leer con tranquilidad :)
La historia es muy bonita aunque muy triste a la vez (así me ha parecido). Nunca se me ha dado bien opinar pero creo que esos cuidados excesivos de la madre hacia la niña solo puede perjudicarles (a las dos). Una por querer proteger demasiado y la otra por sentirse protegida y no espabilarse por su cuenta... Aix, conozco a gente así y me da un poco de pena, ¿Qué pasará cuando ya no haya nadie que te ayude? La vida está para sobrevivirla...
Cojo un café que tengo la cabeza muy espesa! :PPP
Un beso
tielci | 26-11-2005 13:26:27
Buf... voy a intentar hacer una interpretación:
La madre deseaba tener a la niña. La madre se sentía sola. La madre creía que pasaría sola el resto de sus días, pero se quedó embarazada y la niña le llenó la vida de alegrías. Vale. Pero la niña le gustaba tanto y tanto y tanto, que la madre se empezó a obsesionar con ella. existen enfermedades mentales, pero si quien relata la historia, lo hace de una manera que también lo ve, la niña no crece de verdad. ¿Porqué? La niña ha creado un estado de superdependencia y una súperempatia con la madre de tal forma que se han conjugado para no moverse de ese estado (xD) y entonces al llegar a la edad adula, cuando la madre se da cuenta de que necesita estar sola o necesita una cierta evolución dentro del maniquí (la hija), es entonces cuando corre durante 15 años de médico en médico para intentar comprender qué le pasa a la niña.
O, simplemente la niña sufre de enanismo normal o moderado y además ha tenido meningitis (creo que es así) y se ha quedado en el estado de 6 años para toda su vida. Que es la versión más válida.
Moraleja: vive la vida a tope, sexo, drogas, rock and roll, total, si eres enano y tubiste meningitis a los 6 años, la sociedad te apartaraá para siempre de las listas (o en este caso, el gobierno). jejeje. Me ha parecido una historia graciosa de fondo. Me ha gustado.
Bueno, me voy ya, que me tengo que tomar un cafelillo. A tu salud!!
Jiuck | 26-11-2005 15:09:52
Víctor | 27-11-2005 14:14:28
WWOOOWW. QUE TRISTE HISTORIA LA QUE E LEIDO. LAS COSAS QUE SUCEDEN VERDAD.
LAMENTO EN VERDAD TODO POR LO QUE HAS PASADO. TIENES QUE VERLA QUERIDO MUCHO PARA HACER TANTOS SACRIFICIOS EN VERDAD TE ADMIRO.
SALUDOS DESDE PUERTO RICO.
jeanette | 14-04-2006 04:15:35
jóvenes, inquietudes, reflexión, crítica, sociedad actual, mucha ironía, libros, solidaridad, contradicciones, ¿podemos hacer algo nosotros por lo que nos rodea?
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