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	<title>café solo, por favor</title>
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	<description>jóvenes, inquietudes, reflexión, crítica, sociedad actual, mucha ironía, libros, solidaridad, contradicciones, ¿podemos hacer algo nosotros por lo que nos rodea?</description>
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	<title>Sobre el poema</title>
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	<dc:date>2006-03-28T19:55:27Z</dc:date>
	<dc:creator>Genadie</dc:creator>
	<dc:subject>General</dc:subject>
	<content:encoded><![CDATA[Joder, casi tengo abandonado el blog pero me he propuesto escribir, al menos, una vez al mes y darme luego un chapuzón entre vosotros, visitando vuestras páginas. Y como escribo tan poco, pues aprovecho la ocasión y os mando un post bastante largo. Como consejo, y si estuviérais interesados en llegar hasta al final, os diría que: <br />
<br />
1. Vayáis a por un vaso de agua por si os entra sed durante la lectura.<br />
<br />
2. Tened cerca el baño por si os entran ganas de hacerle una visita.<br />
<br />
3. Preparaos café por si os entra sueño.<br />
<br />
4. Tened un paquete de tabaco a la vista por si quisiérais encenderos un cigarrillo, en el caso, claro está, de que seáis fumadores, que ya somos animales en peligro de extinción...<br />
<br />
Pues eso, que os sintáis como en la típica cafetería agradable y confortable donde rajéis con un colega y sin prisas... para los que la tengáis, mejor entonces que os imprimais el texto y os lo leáis a trozos.. Os dejo con el escrito, ¡ojalá lo disfrutéis...! No soy más que yo hablando en voz alta sobre las cosas que pienso y que me digo a mí mismo...<br />
<br />
EN UN PRINCIPIO, el poema no es más que un relato donde se narra la historia de una batalla. En ella se enfrentan la tierra contra el mar que, por supuesto, son metáforas de otros elementos. <br />
<br />
La tierra es un símbolo de la vida humana. El perfil de la costa marca la línea donde ella acaba, es decir, la muerte. Frente a la tierra, en linde con el litoral, se encuentra el mar, que es esa misma muerte. Este recurso metafórico es tan antiguo como manido pero no por ello deja de ser útil y a mí me viene fenomenal para volcar en él lo que entiendo por la existencia del hombre. Así, a bote pronto, me acuerdo de Machado o de T.S. Eliot, por ejemplo... Y el mar, es muerte y eternidad al mismo tiempo, siempre y cuando mantengamos la esperanza de creer que, tras de nosotros, seguiremos siendo algo de alguna manera u otra, aunque no sepamos bien cómo será ese algo, ni esa manera.<br />
<br />
Las primeras escenas describen el momento previo a la batalla, la agitación del mar antes de lanzarse a la lucha: <br />
<br />
<i>Me asomo curioso <br />
al balcón último de la tierra, <br />
pero una ola gigante <br />
casi me lleva con ella.</i><br />
 <br />
El último balcón de la tierra es el último rinconcito nuestro en el que atesoramos nuestras más crudas miserias, dudas y temores. Es la última frontera, allá donde se abre el vacío, la nada, el vértigo desquiciante que causa darse cuenta de la absurdez de esta vida. Es la delgada línea que nos separa de la locura.<br />
<br />
Lo de asomarse con “curiosidad” es una ironía y un arranque de valentía para restarle importancia al dolor que produce la introspección profunda de aquello que nos acecha tras la oscuridad, aquello que no podrás controlar nunca, aquello que se escapa de nuestras torpes manos de hombres mortales. Sin embargo, en esta ocasión en la que visitamos ese rincón, nos encontramos con que hay algo más que nos acompaña en la soledad de ese último borde tras el que corremos el riesgo de perder la cordura. Y es que...<br />
<br />
¡Carajo...! ¡De dónde coño ha salido esa pedazo de ola enorme...! ¡Qué susto, joder...! ¡Y qué fresquita...! ¡Aichhh...!<br />
<br />
<i>Retrocedo de un salto para atrás <br />
y me refugio en la habitación del continente. <br />
Me pregunto cuánto tiempo más <br />
podrá aguantar con vida esta suerte, <br />
la de contener la fuerza del mar <br />
entre los frágiles contornos de su muerte.</i><br />
<br />
Por supuesto, el susto ha sido de pelotas y pegamos un bote de narices. Nos sentimos extraños y no entendemos nada de lo que acaba de pasar. ¿De dónde ha salido esa ola?, me vuelvo a preguntar. Me desconcierto y siento miedo porque era algo que no me esperaba y no sé cómo encajarlo. Así que decido abandonar la reflexión oscura de mis últimas dudas y vuelvo al lugar de siempre, a la vida cotidiana, a la habitación del continente. Recobro la tranquilidad, gano en perspectiva y analizo con más objetividad lo que acaba de ocurrir. ¡Joder, ya sé lo que era esa ola...! ¡Es como una especie de oportunidad, como un camino nuevo, una esperanza, una luz...! ¿Y cómo no lo había descubierto en otras ocasiones en las que me había puesto anteriormente a cavilar tan pesadamente como hace un ratito...? <br />
<br />
Bueno, pero, ¿qué es exactamente la ola de los c...? Una ola representa la fuerza del mar, ¿no...? Vale, bien, pero ¿y la fuerza del mar...? Pues  no es más que la fuerza del amor. <br />
<br />
Aichhh..! El amor, siempre el amor. <br />
<br />
¿Y por qué nos resistimos a creer en él? ¿Por qué caminamos fatigosamente durante tanto tiempo por lugares remotos si el sentido de la vida lo tenemos tan cerca? Primero, dentro de nosotros. Y en cuanto nos amemos tal como somos y mejoremos para ser mejor, lo tenemos también a raudales por todas partes alrededor nuestra. <br />
<br />
Y el amor lo podemos tomar en dosis con la intensidad que prefiramos. Podemos empezar con nuestros amigos, que es lo más sencillo. Con nuestros hermanos y padres, donde ya se mezclan otras historias que, a veces, nos hacen sufrir. Después, con nuestros compañeros de trabajo, nuestros conocidos, las personas que nos encontremos en nuestro vivir diario... ¡y por fin, por último, con nuestra pareja....! De ahí a nuestros hijos sólo hay un paso aunque también muy buena suerte (ni todo el mundo desea un hijo, ni todo el mundo que lo desea, lo tiene). <br />
<br />
Así, con un poquito de paciencia y otro mucho de arrojo, muy cerca de nosotros, el amor último lo podremos encontrar en esa persona tan especial que tenemos enfrente. <br />
<br />
¿Cuánto tiempo más nos vamos a resistir a aceptar que en solitario jamás conseguiremos nada? <br />
<br />
Pero, ojo, las propiedades de la fuerza del mar no quedan ahí. Al mismo tiempo, el amor es el vehículo de la eternidad. ¿Mandeeeeeee...?<br />
<br />
Sí, de veras. El amor es la manera de crear el único espacio donde todo aquello que viertas en sus dominios es tan cierto y eterno como no pueda serlo nada tan puro en esta tierra. Si queréis, para llegar a aprehender el alcance de lo cierto y de lo eterno, volvamos a pensar en el amor de una madre por sus hijos. Así, hagámoslo con cualquier otro tipo de amor si lo hemos dado limpia y sinceramente. Porque amor es todo lo que no es cuando se pronuncia pero sí es cuando se siente y nos lleva a mejores condiciones que aquellas que disfrutábamos antes. Algo así como lo sublime de los budistas que jamás se pronuncia porque no es ni lo creado, ni lo no-creado, pero en versión pragmática para los que pisamos la tierra y no podremos contar con la oportunidad de perdernos en un templo apartado y perdido en mitad de la naturaleza. Porque cualquier contexto social en el que nos toque vivir, siempre será válido porque es el que está y porque es el que existe cuando a nosotros nos ha dado por surgir en la vida. No podemos negarlo, sino confabularnos con él y, si es necesario, incluso engañarle a ratos, con la finalidad de crear las condiciones necesarias para obrar en ese espacio donde el amor ofrece y propaga lo único que es cierto y eterno. <br />
<br />
Porque lo que una vez sentiste de verdad, siempre lo será tal cual y sin mácula. Piensa un momento en lo que sientes (si estás en el caso de que amas bien y fuerte a una persona concreta): ¿Acaso no es verdadero lo que sientes ahora? Pues lo que es, cuando pase el tiempo, lo será. Y lo que fue, es porque ha sido y ya nunca dejará de serlo. Porque aunque todo cambie, porque siempre cambia, jamás dejará de ser cierto lo que sentiste entonces, lo que en ese momento tuviste. El tiempo se lo podrá llevar todo pero ya no podrá llevarse eso. Es una manera de hacerle una zancadilla insalvable al tiempo y probar un bocado de la eternidad que tanto se empeña en esconder para sí. Porque eso ya será siempre tuyo y de las personas por las que lo sentiste. Lo que fue, ha sido. Y lo que ha sido, siempre lo será. Y ahí jamás podrá llegar el tiempo, la finitud, la decrepitud, con sus garras. Nos habremos puesto a salvo. Y eso será siempre tuyo. Y siempre lo será, como futuro irrebasable, sin tiempo, ni final.<br />
<br />
¿Y todo eso es lo que significa la ola esa enorme...? Pues ya ves... por sentir, reflexionar y escribir, que no quede, ¿no...?<br />
<br />
Así que hemos quedado en que la fuerza del mar es la fuerza del amor y de la eternidad, la victoria en vida frente a la muerte, la desesperanza, lo absurdo, lo incontrolable, lo final. Porque esa es otra: el reino prometido no está más allá de lo que nos espera cuando deje de latir nuestro corazón y, clínicamente, no funcione nuestro organismo. La eternidad la tenemos que sentir y disfrutar desde ahora mismo y aquí mismo. Joder, muy fácil escribir estas cosas, ¿verdad? Aichhhh...! Amar es algo muy complicado. Sentirse eternos por lo puro de nuestros sentimientos, pues ya ni te cuento... Dos más dos son cuatro, ¿no...? ¿o va a ser que no...? Aichhh...!<br />
<br />
Pues eso, no nos resistamos a contener la fuerza del mar entre los frágiles contornos de la muerte. ¿Y por qué no...? Contestemos a continuación:<br />
<br />
<i>Quien resiste a pesar de la derrota cierta,<br />
Lleva el semblante de la nada, <br />
el rostro sin rasgos<br />
Y en la mano, una guadaña.</i><br />
<br />
Pues por eso mismo. Porque, si no, estamos ya muertos en vida y arrastrándonos con la cara de alma en pena... Aceptemos, mejor, esa derrota dulce, amable, esperanzadora, ilusionante y, sobre todo, cierta e irremediable. <br />
<br />
<i>¡Es la costa del mar <br />
quien me asusta,<br />
que perfila las líneas <br />
de la noche oscura!</i><br />
<br />
Pues claro... es la puñetera costa, la línea de la noche oscura que nos asalta cuando nos paramos a reflexionar, la muerte en vida, la conciencia de sabernos mortales y limitados, inteligentes pero impotentes, víctimas de una broma macabra en la que nos arrojan en vida a una existencia donde obramos con pensamientos para darnos cuenta de que existimos y de que dejaremos de hacerlo algún día... una maldita gracia, vamos...<br />
<br />
¡Qué de cosas tenemos que aprender...! Un aprendizaje constante que nos llevará a enfrentarnos a callejones sin salida porque no contaremos con la manera o las instrucciones de salir de ellos cuando una desgracia, grande o pequeña, tanto da, nos acorrale y nos hunda por momentos. Y algo que tenemos que aprender muy pronto es que,<br />
<br />
<i>Siguiendo la forma de sus trazos,<br />
sale el mapa de nuestro mundo,<br />
donde habitamos los humanos.<br />
Es el mapa del vacío y del absurdo,<br />
Donde creemos que respiramos<br />
¡pero donde ni somos, ni estamos!</i><br />
<br />
¡Si ya lo vamos aprendiendo...! ¡Y duele...! ¡Joder, que si duele...! Recorre tú mismo el perfil de lo que somos y te saldrá un bonito dibujo: ¡nada...! Haz un símil con la tierra y recorre el perfil que ella marca con la costa: te saldrá el típico mapamundi colgado de una pared donde reconocerás los distintos continentes, mares y océanos... ¿y qué es sino la nada lo que forma ese mapa? Sigue con un dedo la silueta que forma mi cuerpo y encontrarás lo mismo. Y es que estamos hecho de materia corruptible, perecedera, que siempre morirá. De algo tangible que, aún siendo nada en potencia, toma en el espacio una forma concreta, ya sea como persona o pedazo de tierra o lo que sea. Pero...<br />
<br />
Pero, ¿qué...? Pues eso, acordaos de la ola... acordaos de la fuerza del mar... acordaos del amor y la eternidad... ¡pues hay salida...! Busquémosla pero, antes, reconozcamos nuestras limitaciones. Y pidamos ayuda. <br />
<br />
<i>Tierra dile fuerte al litoral<br />
que deshaga su cruel dibujo,<br />
que no te recuerde siempre<br />
donde acaba tu dominio<br />
y donde te espera la muerte.</i><br />
<br />
Porque, como os decía al principio, este poema es un relato donde se narra la historia de una batalla. El mar contra la tierra. Esto es, la muerte en vida contra la eternidad. Esto es, a su vez, la soledad, el sufrimiento, lo absurdo, e incluso la insulsez, contra el amor.<br />
<br />
La tierra, que adivina la llegada del trágico suceso, manifiesta su incapacidad para resistir la fuerza del mar. Pero, al mismo tiempo, la tierra aguarda con esperanza que el mar lo domine y cambie por completo la manera en la que ella ha existido siempre. Al mismo tiempo que la tierra teme la batalla, también desea que esta suceda para desaparecer y renacer luego en el modo en el que el mar lo decida. Es una manera de reconocer la propia debilidad y pedir auxilio a otro para subsistir. Y para ello, está dispuesto a ceder su identidad para arrogarse otra superior aunque sea a costa de perder la suya propia. <br />
<br />
Es también, por tanto, la historia de un deseo, de un anhelo, de una esperanza y, también, la historia de una entrega, de una renuncia, de una derrota dulce, de una humildad bella y sincera. ¿Os suena a algo lo de la entrega y la renuncia? Pasemos corriendo ahora a pensar en lo que significa el amor y tomemos el amor propio de una relación de pareja. Esa aventura donde se comparte una historia de vida... pero donde también se cede y se renuncia... te entregas y renuncias a particularidades tuyas para que la unión con la otra persona sea más fluida y poderosa. <br />
<br />
<i>Que el mar te trague <br />
respondiendo a tu llamada<br />
Y renazcas con otra fuerza <br />
y de nuevo iluminada.</i><br />
<br />
Eso, joder, que te arrolle el mar, que pase por encima tuya y te engulla... así, déjate consumir por el amor... pero no olvides tu propósito: ¡volver a nacer... para nacer más y mejor...! Nada de anclarse en un amor posesivo y autodestructivo que nos debilita y que esquilma nuestra estima y personalidad... nos estamos refiriendo al amor correspondido, generoso ¡y buenamente apasionado...!<br />
<br />
<i>Comienza una batalla trágica <br />
donde la arena y las montañas, <br />
hermosamente perdidas,<br />
se doblegarán extenuadas.</i><br />
<br />
¡Bien...! ¡Por fin empieza lo bueno...! Las hostias limpias, los tiroteos, los puñetazos, las patadas... basta ya de tanto diálogo que la película estaba empezando a cansar de lo lenta y aburrida que estaba siendo con tanta charla... ¡pasemos a la acción...! (Es broma, por supuesto...)<br />
<br />
A doblegarse, a reconocer la derrota... ¿os acordáis de la cara chunga y mustia que tenía la muerte cuando se te aparece de repente con una guadaña en la mano? Qué fea es la jodida, ¿no...? Pues eso, no nos resistamos a la muerte y perdamos hermosamente esta batalla para tener el rostro de la vida buena, el rostro de la eternidad. <br />
<br />
¿Extenuado? Pues claro, la renuncia es un paso lento y desconcertante. Cansa una barbaridad. No hay estrés mayor que la incertidumbre de iniciar un camino nuevo donde tendrás que abandonar todas aquellas resistencias, defensas y peculiaridades que uno se ha ido armando poco a poco, y casi sin darse cuenta, para afrontar la vida... esas pequeñas cosillas que nos pertenecen y que nos sirven cuando sólo contamos con nuestros esfuerzos y propios consuelos... Abandonar todo aquello para entregarte al amor, al amor por todos y, finalmente, al amor en especial a una sola persona... Ufff...! Sí que agota el tema...<br />
<br />
Porque vayamos aún más lejos. No sólo pensemos en él o en ella, sino en todos los que nos rodean y ampliemos al alcance y el sentido del amor hasta que se convierta en una actitud de vida... Es algo muy complicado pues uno termina teniendo que resolver multitud de situaciones en los que se corre el peligro de perder la perspectiva, de que te hieran, de que no te respeten, de diluirte en una amalgama tibia y blandengue de sonrisas, buenas intenciones y buen humor constante que, muchas veces, no es suficiente para solucionar problemas complejos de la vida real... Es necesario un convencimiento muy fuerte de esa actitud y una personalidad segura, exigente y operante... <br />
<br />
Bueno, pero no nos desviémos... Volvamos al bello rostro de nuestra persona querida, aparecida, unida y, finalmente, fusionada... Nuestro contrincante es bello y hermoso. Confiemos en él. ¿Estáis enamorados? ¿Lo habéis estado? Pues, ¿acaso no tiene un rostro precioso? <br />
<br />
<i>Y comandando las turbas <br />
de las aguas embravecidas, <br />
estará tu caballo de espuma <br />
y tu sombra de algas marinas.</i><br />
<br />
Y ya apareció esa persona por fin... En mi caso, existe y, de hecho, vivo con ella (y se llama Raquel...)<br />
<br />
Vida-muerte-eternidad; <br />
Tierra-costa-mar; <br />
Experiencias, sentimientos y reflexiones-absurdez, soledad y sufrimiento-amor, amor, amor; <br />
Reconocer nuestra limitación-renuncia y entrega-¡abrirse a sentir todo lo bueno ya dicho aquí...!;<br />
Duda-miedo-fe;<br />
Lo que soy-lo que me duele y no entiendo-lo que somos juntos.<br />
<br />
O sea, tesis-antítesis-síntesis...  Qué maravillosas tríadas... <br />
<br />
Pero, por ahora, lo dejaremos aquí porque me temo que este post está siendo interminable... Continuaré la explicación de lo que queda del poema en el siguiente post... y prometo que no tardaré un mes en actualizar como está siendo mi costumbre...<br />
<br />
Ah...! Aún no he llegado a los dos estrofas que más me gustan. Aparte de la última, por supuesto, la otra que más me gusta es:<br />
<br />
<i>Anegarás de azul los pies de los hombres<br />
para que floten sobre un manto de agua<br />
y naveguen más allá del horizonte.<br />
Olvidarán el peso de sus cansados cuerpos,<br />
Sus miedos, miserias, <br />
¡y hasta su nombre!</i><br />
<br />
Ese azul del que hablo... Uffff...! Ahí caben muchas cosas... Me encantaría saber qué os inspira... Dios...! ¿Por qué no nos dejamos llevar por los sentimientos (que no por el sentimentalismo), y desparramamos textos sentidos e imaginativos...? Viva la madre que os parió a todos... porque escribís cosas maravillosas... porque sentís de manera maravillosa... <br />
<br />
¡Hasta la próxima...! ¡Y cuidado con el café, que quema...!<br />
]]></content:encoded>
</item>
<item rdf:about="http://genadie.bitacoras.com/archivos/2006/02/09/poema">
	<title>Poema</title>
	<link>http://genadie.bitacoras.com/archivos/2006/02/09/poema</link>
	<dc:date>2006-02-09T21:49:36Z</dc:date>
	<dc:creator>Genadie</dc:creator>
	<dc:subject>Piezas</dc:subject>
	<content:encoded><![CDATA[Me asomo curioso <br />
al balcón último de la tierra, <br />
pero una ola gigante <br />
casi me lleva con ella. <br />
<br />
Retrocedo de un salto para atrás <br />
y me refugio en la habitación del continente. <br />
Me pregunto cuánto tiempo más <br />
podrá aguantar con vida esta suerte, <br />
la de contener la fuerza del mar <br />
entre los frágiles contornos de su muerte. <br />
<br />
Quien resiste a pesar de la derrota cierta,<br />
lleva el semblante de la nada, <br />
el rostro sin rasgos<br />
y, en la mano, una guadaña.<br />
<br />
¡Es la costa del mar <br />
quien me asusta,<br />
que perfila las líneas <br />
de la noche oscura!<br />
<br />
Siguiendo la forma de sus trazos,<br />
sale el mapa de nuestro mundo,<br />
donde habitamos los humanos.<br />
Es el mapa del vacío y del absurdo,<br />
Donde creemos que respiramos<br />
¡pero donde ni somos, ni estamos!<br />
<br />
Tierra dile fuerte al litoral<br />
que deshaga su cruel dibujo,<br />
que no te recuerde siempre<br />
donde acaba tu dominio<br />
y donde te espera la muerte.<br />
<br />
Que el mar te trague <br />
respondiendo a tu llamada<br />
y renazcas con otra fuerza <br />
y de nuevo iluminada.<br />
<br />
Comienza una batalla trágica <br />
donde la arena y las montañas, <br />
hermosamente perdidas,<br />
se doblegarán extenuadas.<br />
<br />
Y comandando las turbas <br />
de las aguas embravecidas, <br />
estará tu caballo de espuma <br />
y tu sombra de algas marinas. <br />
<br />
Como Neptuno renacido <br />
en humana diosa, <br />
blandirás como tridente <br />
una sonrisa hermosa. <br />
<br />
Con las olas como escudos<br />
y la sal como proyectiles, <br />
todos los pueblos serán tuyos.<br />
<br />
Anegarás de azul los pies de los hombres<br />
para que floten sobre un manto de agua<br />
y naveguen más allá del horizonte.<br />
Olvidarán el peso de sus cansados cuerpos,<br />
Sus miedos, miserias, <br />
¡y hasta su nombre!<br />
<br />
Con el impulso de sus deseos,<br />
se deslizarán por la curva de las olas.<br />
Se dejarán llevar por el repiqueteo<br />
de los tambores de tus océanas tropas.<br />
<br />
Se borraron de la tierra <br />
los puntos cardinales.<br />
No hay norte o sur, <br />
sino fondo y superficie.<br />
Nos sirven de guías <br />
los atolones y los corales,<br />
y nos sumergimos y buceamos<br />
entre peces y fosas abisales.<br />
<br />
Adiós, caminos polvorientos,<br />
¡Que la marea me lleve<br />
donde antes no llegaba el viento!]]></content:encoded>
</item>
<item rdf:about="http://genadie.bitacoras.com/archivos/2005/12/20/el-tren-de-la-tranquilidad">
	<title>El tren de la tranquilidad</title>
	<link>http://genadie.bitacoras.com/archivos/2005/12/20/el-tren-de-la-tranquilidad</link>
	<dc:date>2005-12-20T18:21:07Z</dc:date>
	<dc:creator>Genadie</dc:creator>
	<dc:subject>Como te estaba diciendo...</dc:subject>
	<content:encoded><![CDATA[Me subo yo también al tren de la tranquilidad en el que te has montado y me siento en una mesita que hay muy cerquita de la tuya, ¿vale?... y desde aquí te miro sonriéndote, esperando que dejes de disimular y de mirar por la ventana para que cruces tus ojos con los míos... y por fin lo haces... nos miramos durante un breve instante y te ríes con un pelín de vergüenza... pero has girado el cuello muy rápido, y miras hacia abajo, sin perder la leve sonrisa, pero sin atreverte a subir la cabeza... pero, al rato, lo haces... levantas la cabeza y me vuelves a mirar, pero ahora de frente, y tu sonrisa ya se abre y se vuelve grande... y me haces reír a mí, y yo también sonrío abiertamente... y acabamos soltando los dos una carcajada... y, al poco, vuelve el silencio... pero ya no dejamos de mirarnos fijamente... y ambos sentimos que algo se está precipitando en nuestro interior... algo dulce y cálido, sereno y plácido... pero que también nos hace cosquillas en el estómago... y nos acelera la respiración... <br />
<br />
Llevamos ya un rato mirándonos... y disfrutamos sonriendo uno delante del otro... y así podríamos estar durante horas... ya no hay tren, ni viaje, ni ciudad de destino... sólo estamos y somos los dos...  pero tú, de repente, haces un gesto... me pillas desprevenido y me sorprendo al ver que me pides que vaya hacia tu mesita... y como si fuera un niño, te pregunto también con gestos si te refieres a mí, si soy yo el que quieres que se acerque... y tú te ríes... ¡pues claro que eres tú, criatura...! me dices con tu cara... y yo ya me levanto de mi silla... y avanzo por el pasillo, con cuidado, porque el tren se mueve mucho a los lados... y tengo que fijarme en el suelo, en las mesas, en las sillas y camino atento... y tú no pierdes detalle de la escena... y  me observas mientras me acerco hasta ti.... y por fin me siento... me pongo enfrente de ti... y seguimos sonriendo, seguimos mirándonos... y el tren, el viaje, la ciudad de destino, todo nuestro alrededor, ahora se vuelcan en nosotros, se funden con nosotros... y nos convertimos en ellos.... y nos transformamos en el tren de la tranquilidad... y pasamos de sentir una quietud reparadora... a unirnos los dos y ser ya nosotros mismos esa fuente de paz que nos irradiamos el uno al otro... y viajamos juntos... en un trayecto entrecruzado y continuo de ida hacia ti y de vuelta hacia mí... y la ciudad de destino pasa a ser tu corazón y el mío... el fondo donde cada uno deposita sus deseos y sus miedos, rincón íntimo y último que iremos descubriendo... sin prisas... siempre sin prisas... sin mapas, sin horarios, sin planes... sin prisas... <br />
<br />
Y allí en este tren, sentados enfrente el uno del otro, seguimos mirándonos.... y te agarro tu mano... y  te dejas... y te la acaricio con suavidad... e intento decirte algo... pronuncio un par de palabras ininteligibles y tú te ríes... y nos reímos los dos... y seguimos siendo el tren donde nuestro ánimo se calma y se entrega a disfrutar del otro.... y el viaje acaba de comenzar... y no sabemos cuánto durará... pero eso ya no nos importa... ya sólo nos importa que nos hemos visto, que nos hemos conocido, que nos hemos unido... y que vamos juntos en el mismo tren.... el tren de la tranquilidad... de la tranquilidad que ansían almas inquietas y huidizas como las nuestras... la tranquilidad que sólo nosotros sabemos apreciar... y pasaremos por muchas paradas donde podremos bajarnos y concluir nuestro viaje... pero, ¿a quién le importa eso ahora?... ¡coño! ¡que viene el revisor...! ¡y yo no llevo billete....! ¿pero cómo se te ha ocurrido montarte sin billete...? Es que no pensaba subir a este tren... pero ahora ya estoy en él... y no te preocupes... hablaré con el revisor y le explicaré mi situación... y seguro que lo entiende... y seguro que nos arreglamos... y seguro que nos guiña el ojo a los dos aplaudiendo nuestro encuentro... y sin billete, me subo a este tren y me voy contigo adonde quieras y adonde surja... ¡y no me pienso bajar en marcha...!<br />
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Aclaración: sensaciones reales de algo estupendo que me ha ocurrido este mismo domingo. No me atrevo a desvelar más detalles por discrección... ¡pero estoy flipando!<br />
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Por supuesto, esto es un extracto de una carta-email que le he escrito a ella esta mañana... Única pista: es una de las chicas con las que me fui a Huelva...<br />
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</item>
<item rdf:about="http://genadie.bitacoras.com/archivos/2005/11/27/cojones-con-la-nina">
	<title>Cojones con la niña!</title>
	<link>http://genadie.bitacoras.com/archivos/2005/11/27/cojones-con-la-nina</link>
	<dc:date>2005-11-27T23:14:23Z</dc:date>
	<dc:creator>Genadie</dc:creator>
	<dc:subject>General</dc:subject>
	<content:encoded><![CDATA[¡Adorables compañeros de este patio de vecinos tan particular! ¿Cómo os va en vuestros menesteres? Espero que sigáis luchando para que no os diluya ni la nostalgia, ni el ritmo frenético, ni el desánimo, ni los contratiempos... ¡a seguid siendo uno mismo para volcarse en los demás!<br />
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Antes de daros mi interpretación acerca del breve relato de la niña, dejadme que os dé también otra lectura que hizo una amiga mía al respecto. Ella entiende que la madre realmente se volvió loca... pero no porque la niña enfermara, sino porque la niña se mató a los seis años. Tras un accidente fortuito, la niña murió a esa edad. Y la madre no pudo superarlo. Se negó a aceptar el desgraciado hecho y se inventó y se enfrascó en su propia realidad: que la niña estaba viva. Se inventó la enfermedad de que nunca crecía porque así era como la recordaba. Y malvivió presa y doliente de su enfermedad durante quince años hasta que ella misma también murió. ¿No está mal, verdad? A mí me gustó mucho.<br />
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Y eso ha sido lo mejor de mandaros este relato: ¡vuestras interpretaciones! Me ha encantado encontrarme vuestros comentarios y comprobar cómo personas como vosotros sois capaces de hacer lecturas tan diversas y personales... porque me han gustado todas... así que, sin mayor dilación, ahora voy a dar mi propia lectura del texto, que no vale ni más, ni menos que la vuestras: ¡y esa es una de las maravillas de la lectura! ¡Que nos abre a mil interpretaciones como respuesta a la complejidad y diversidad que posee el ser humano a la hora de recibir y entender la realidad! Ahí va. Os aconsejo que os lo imprimáis y os lo leáis cuando tengáis un hueco. Es un poco largo pero creo que merece la pena leerlo. ¡Ustedes mismos!:<br />
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La finalidad del relato es la de una parábola. Utilicé tres personajes, mamá, niña y narrador, como pude utilizar otros. Es por ello que no trataba de hablar en concreto sobre las peculiaridades del tema que se ha suscitado con vuestras interpretaciones: las relaciones entre los padres y sus hijos.  Desde luego, razón no os ha faltado. Y ello ha sido lo que me he llevado como recompensa: ver más cosas de lo que esperaba. ¡Enriquecedor, estimulante, cojonudo!<br />
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Pues eso: una parábola. Un juego de sombras y de roles que aluden a otras cuestiones diferentes a las que se antojan a primera vista. Un cuento como excusa para tratar temas complejos y, por supuesto, acerca de conceptos absolutos y metafísicos. <br />
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Así, la niña representa la figura de la realidad, del universo, de la existencia, de Dios. Según mi idea al respecto, considero que la realidad en la que nos movemos no ha sido ni creada ni dejado de crear por un Dios o ente superior. Y aunque soy de los que creen en Dios, a esto lo entiendo y lo imagino como parte de esa realidad. Es decir, Dios es todo lo que vemos: naturaleza, planetas, reacciones químicas, pasiones humanas, vida de las estrellas, movimientos y explosiones continuas. Todo. Todo ello es el mismo Dios. Y la capacidad que le otorgo a ese Dios como ente concreto es la de ser todo y la de ser autorreferente. Es decir, Dios es todo y se da cuenta de que existe y de que es todo. Ufff.... no voy a seguir por este camino porque, si no, nunca acabaría y os lo pondría muy fácil para que os cambiarais de blog...<br />
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El caso es que la niña es la existencia, la realidad, Dios. Y mamá y el narrador representan a dos tipos de actitudes con las que el ser humano se enfrenta al sentido de su existencia. Este concepto y este esfuerzo reflexivo que a todos nos inquieta, se materializa en algo concreto en la forma de una niña viva. Aquello que nos golpea en el alma y contra lo que luchamos de vez en cuando, se sale de nuestros interiores y se convierte en un ser vivo al que hay que tratar e intentar amar. Por eso es una hija y una madre, porque creo que es la relación humana más intensa y pura que podamos poner de ejemplo para compararlo con la relación que nosotros mantenemos con nosotros mismos. <br />
<br />
Y el narrador es aquella persona normal y corriente que decide voluntariamente no ahondar en ese tipo de reflexiones porque, o no la cree necesaria, o no le llama la atención, o no cae en la cuenta de que existe, o la cree directamente inútil porque no lleva a ninguna parte. Representa al ciudadano común que se repliega a sus obligaciones y placeres cotidianos sin pedir de ellos ningún tipo de justificación o sentido existencial. Representa a una actitud muy extendida y tan legítima como la actitud del personaje que representa a la mamá. Por eso, el narrador se cansó de buscar a la niña. Por eso, no es un familiar directo de la niña. Por eso, no se volcó en la historia y dejó de preguntarse por el caso hasta olvidarlo. Pero no quiero decir que este tipo de personas no se plantee reflexiones existenciales, sino que lo hace de forma poco exhaustiva y superficial y sólo en contadas ocasiones. Porque, en el fondo, todos los seres humanos, a pesar de su inquietud más o menos desarrollada, a pesar de su preparación o cultura, a pesar de sus condiciones de vida, todos y cada uno de los seres humanos ha pasado de alguna u otra forma por el proceso de preguntarse sobre sí mismo y sobre el sentido que tiene nuestra existencia. Y por lo visto, a este narrador le duró el proceso lo justo y necesario. Y ya dejó de preguntarse. Se cansó.<br />
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Y la mamá es aquella persona que se ve atraída de lleno por estos planteamientos. Es aquella persona, también muy común, que se devana los sesos por encontrar la última respuesta a la última pregunta. Se entrega al completo y lucha contra el sinsentido de la existencia. Entra en una relación de amor total en el que asume el dolor que supone esta búsqueda y que no cesa a pesar del sufrimiento porque lo considera esencial y fundamental para poder vivir. Y una vez que empieza este proceso, encuentra de repente un faro que guía su vida. Una manera de tener un objetivo que suelde y amarre todos aquellos otros objetivos que tiene en su vida y que corresponden a ansias y anhelos más terrenales y comunes. Y se vuelca de lleno. Y lo ama. Y, en el fondo, se está amando a sí misma. Aunque, finalmente, acaba por amarse de forma destructiva y aquello que empezó de manera positiva y feliz, se convierte en el motivo de su muerte y de su vida desdichada. Es cuando la niña deja de crecer y se queda eternamente atrapada en los seis años. Y la moraleja va por estos derroteros. <br />
<br />
Quería poner a la luz que hay diversas maneras de entregarse a este tipo de reflexiones. Que una vez que te descubres a ti mismo haciéndote estas preguntas, habría que amar y tratar y luchar e interrelacionarse con estos interrogantes de una manera equilibrada. De una manera constructiva y compatible. Y esta es una de mis palabras mágicas y preferidas: la compatibilidad. Que se relaciona directamente con una de las consideraciones que poseo acerca del ser humano: su múltiple identidad. Cada uno de nosotros poseemos cientos de identidades que se van superponiendo unas a las otras a lo largo de nuestras vidas. Es un tema bastante tratado ya en la literatura, la filosofía, la psicología y cuantos artes queráis aludir que nos sirva para manifestar nuestras inquietudes. Vamos, que es un tema ya reflexionado en las artes en general. La identidad múltiple. Y así, para sobrevivir con esta condición tan cansina, acuciante y vertiginosa de tener muchos yo, hay que acudir al concepto de la compatibilidad. Esto es, que hay entenderse todo lo bien que se pueda con todas estas identidades y llegar a acuerdos con muchos de ellos. Es una manera continua de introspección y amor hacia uno mismo para que ellas no acaben contigo. Y cuando uno consigue ser compatible, que es algo que se logra a ratos, a veces, por tiempo definido que se va y vuelve, es cuando uno consigue el equilibrio necesario para ser un individuo sosegado y efectivo. Y entiendan el concepto de efectivo siempre con respecto a lo que uno quiere y le gusta hacer en esta vida. Unos quieren ser efectivos con su trabajo. Otros con sus parejas. Otros en la cocina, yo qué sé... lo que queráis. Y esta condición de sosiego y equilibrio es lo que podemos llamar la felicidad. Los instantes en los que alcanzamos plenamente la felicidad. Las grandes alegrías y los grandes pesares no entran, según opina un humilde servidor, en el terreno de la felicidad, sino en el campo de las pasiones, de lo incontrolable y ajeno a nuestros esfuerzos y quehaceres. Y de nuestra asunción de estas alegrías y pesares, dependerá que podamos también alcanzar los momentos de quietud, de paz, de armonía y de placer quedo pero intenso. Momentos en los que no reflexionamos sino que vivimos y nos entregamos leve pero fogosamente a nuestras ocupaciones. Eso sí, con una tenue sonrisa que apenas se deja adivinar en la comisura de los labios pero que descansa honda y fuertemente en el fondo de nuestra alma.<br />
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Y teniendo en cuenta este tremenda parrafada que os acabo de soltar, vuelvo a la mamá para deciros que ella quiso sobreponer una identidad de las muchas que poseía sobre las demás. Así, negó a esas otras y así sucumbió al dolor, a la búsqueda angustiosa de cientos de médicos y curanderos, olvidándose por completo de esa vida que malgastó y por la que, precisamente, se afanó en entender pero no en disfrutar. “...Quince años avanzando hacia la destrucción lenta y constante de sí misma...”, tal como se lee en el relato. <br />
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¿Y la niña? ¿Y su conducta tan buena y ocupada en sus asuntos? ¿Y su mirada? ¿Esa mirada de ternura pero también de desacuerdo? Pues es Dios el que te está mirando. O si lo preferís así, es el universo entero, la propia realidad, la que te está mirando. Y es que considero que, aparte de mil movidas, la realidad, la existencia, es algo en lo que estamos volcados para que encontremos la felicidad. El universo que nos rodea no conspira contra nosotros. Tampoco es indiferente a nosotros. De hecho, nosotros formamos parte de él y somos parte de su identidad. Por eso, la niña es buena y por eso hace preguntas pero nunca se comporta ni mal, ni excesivamente amorosa. Solo juega y pregunta. Nunca dije que abrazara, besara o mimara a su madre. Pero es buena y es casi autosuficiente. No es autosuficiente del todo, que podría serlo, porque la realidad y Dios nos necesitan para ser, como nosotros a ellos, claro. Y con sus juegos y sus preguntas lo que hace continuamente es hablarnos de la felicidad y de que es posible alcanzarla. Por eso nos mira con ternura, porque nos ama. A su manera, por supuesto, pero nos ama (lo que considero el amor de Dios puede ser algo sustancioso para relatároslo en otro post... dependerá de lo pesado que os parezca yo con mis historias o que no os lo parezca tanto) Y por eso también nos mira con desacuerdo, porque nos avisa de que esa no es la manera de enfrentarse a la vida. Porque nos estimula y nos pincha para que lo hagamos mejor, para que alcancemos esa felicidad soñada. Y no me refiero a esa felicidad que difunden los libros de auto-ayuda, mil saludos, atenciones y respetos a este tipo de libros tan necesarios aunque para mí no sea el caso. Aunque, ahora que lo pienso un segundo, ¡mierda! Con estos textos yo mismo parezco el autor de alguno de ellos, ¡mierda! En fin, suspiremos. Siempre seremos contradictorios y nos engañaremos a nosotros mismos... Ey! Que me enrollo y me pierdo... Volviendo al tema: Me refiero a la felicidad de hacer lo que a uno le salga de los mismos (¿me dejáis poner “de los huevos”? Anda, porfa, porfa...) sin hacerse daño a sí mismo. Me refiero al aprendizaje constante de lo que significa la vida y de cómo manejarnos en ella. Una felicidad que, como en el post de la moral de la muerte, está hecha también de sufrimiento y de dolor. Es normal. Es parte de la naturaleza con la que está hecha la realidad. Y la niña nos mira y nos dice que lo asumamos y que no nos peleemos con nuestras identidades, que hagamos compatibles los distintos niveles de ser, sentir y hacer con el que nos expresamos, vivimos y, en definitiva, somos.<br />
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También, y por último, debo señalar que el clímax del relato, obviamente, es cuando la madre se da cuenta de que la niña no crece. Es cuando se instala definitivamente en los seis años. Este momento a su vez tiene dos lecturas. Por un lado, marca el momento en el que la madre pierde la cordura y padece su transformación: pasa de ser feliz por su capacidad y entrega a preguntarse por el sentido de la vida, pasa después a sufrir por culpa de esas mismas preguntas, de no saber tratar bien a la niña, y acaba enfermando con desarreglos y desequilibrios mentales. Así, las cuestiones que se va planteando durante esa segunda fase se inmovilizan y las respuestas ya son siempre las mismas. Esto es, que la vida consiste en preguntarse y en vivir. Pero a ella eso ya no le sirve y descuida otros asuntos también importantes que son los relacionados con su vidad real y diaria. Sin embargo, por otro lado, la supuesta anomalía de la niña alude también a la propia eternidad de la realidad y de Dios. Es por eso que ella siempre se comporta igual. Es por eso que siempre tiene la misma edad. Es por eso que parece como si fuera ajena al sufrimiento de los seres humanos, a los que mira con esa ternura y desacuerdo de la que ya hemos hablado. <br />
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¿Y de verdad que todo eso dice el relato? Vosotros me podéis decir que “un carajo”. Que ni de coña está eso reflejado. Que eso sale de mi cabecita y que es imposible adivinarlo porque con tan pocas palabras no hay forma de colgar todos esos conceptos. Vale, pues hacedme un corte de manga. Estoy de acuerdo con vosotros. De veras. Pero, bueno, así he tenido material para otro post. Así, he tenido una excusa para contaros esto. Porque, aunque está claro que sin conocer lo que representaba cada personaje era difícil sospechar el sentido del relato (y ahora que os revelo estos conceptos, sí creo que podéis comprobar que sí encajan en el relato), porque, a pesar de esto, una parábola nunca está completa sin la explicación del que la cuenta, ¿no? Espero que me perdonéis. El día que os parezca arrogante, de veras que cierro el blog. Y a colación de no querer jamás parecerlo, algún día os contaré por qué el dominio de mi blog se llama genadie. Aunque si os fijáis un poco, podéis saber a qué tema en general puedo referirme. De veras, la humildad siempre la trabajo. ¿Me perdonáis...?<br />
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Ah! Y para acabar, no sé si os habréis dado cuenta de que aún falta por explicar un personaje más. ¿Cuál...? Pues el del autor del relato. Pensad en el cuadro de las Meninas. Podríamos incluso sacar el papel del lector e incluso el papel de aquel lee los comentarios que habéis hecho sobre el relato y, así, sucesivamente como en el juego de las cajas chinas. (Por cierto, ¿os he dicho que Velázquez es un genio...? Que pena que todos lleguemos tarde y que sea tan difícil decir algo nuevo)<br />
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Pues eso, el autor. ¿Y qué coño represento yo en todo esto? Pues el de otra actitud humana ante los interrogantes del sentido de la existencia, por supuesto. Y no me jodas que vas a venir, todo rico y simpático, a decirnos que tú, precisamente tú, eres de los que representas al tipo de personas que sí hace compatible el rollo ese de las identidades y que se enfrenta a esas cuestiones últimas con una sonrisa tenue pero profunda sin olvidarse de vivir al mismo tiempo.... Pues eso sí que es arrogante, chato... Pues, lo siento, chicos. Es algo así. Pero no soy “el tipo compatibilizado”, sino “el luchador de la compatibilidad”. En muchas ocasiones, sufro igual que mamá y hago el imbécil como ella. Y en otras ocasiones, soy como el narrador y me canso y dejo de preguntarme y aparco el tema durante un tiempo. Otras veces, sin embargo, consigo encontrar el equilibrio y logro llegar a un acuerdo con mis yo para que, al mismo tiempo que busco la última respuesta, me dejen vivir y disfrutar de las bondades que se agazapan detrás las cosas que se te presentan en la vida. (Dios! Que pastelón os estoy soltando... en una de estas, cuando me sienta en confianza con vosotros y compruebe que os interesa lo que os cuento, os hablaré de los monstruos y esperpentos que también se esconden tras las cosas de la vida. Y así compenso esta manera  empalagosa e idiotamente bonita con la que os estoy soltando la moraleja de este relato) Pues eso, que el autor no es precisamente el compatibilizado, sino una mezcla de los tres. Y en lucha y aprendizaje continuo. O al menos, así me veo yo. Y es que con tantos yo, me hago la picha un lío....<br />
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Y, al igual que el autor es ese estereotipo, de alguna forma considero que todos vosotros sois también el personaje del autor. Porque vuestra alma es inquieta y vuestra sed de vida, abundante. <br />
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¡Que os vaya bien la semana! ¡Y cuidado con el café, que quema...!<br />
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<item rdf:about="http://genadie.bitacoras.com/archivos/2005/11/22/la-nina">
	<title>La niña</title>
	<link>http://genadie.bitacoras.com/archivos/2005/11/22/la-nina</link>
	<dc:date>2005-11-22T17:44:16Z</dc:date>
	<dc:creator>Genadie</dc:creator>
	<dc:subject>General</dc:subject>
	<content:encoded><![CDATA[Muy buenas, chicos. Sigo igual de ocupado. Demasiado ocupado. Pero me da remordimiento no actualizar el blog. Y, sobre todo, me da remordimiento no visitaros en los vuestros. Prometo que en breve me pegaré una larga e intensa excursión para veros en vuestras casas y para dejaros mi impresión ante lo que me contéis. Si dejarárais de visitarme, os entendería perfectamente. Pero guardadme café hecho porque muy pronto os llamaré a la puerta. Hasta entonces, os dejo un pequeño relato que he escrito hoy para darme una pausa en el trabajo. Estimo que no voy a salir de la oficina hasta las once de la noche (llegué a las nueve de la mañana). Y necesitaba desconectar un poco. Esto es lo que me salió. Espero que os guste. Y dejadme que os sirva una taza, ¡que acabo de preparar café para vosotros! Besos y abrazos. Ahí va:<br />
<br />
Mamá tuvo una hijita muy linda que le llenó su vida de intensísimas alegrías, esperanzas e ilusiones. Sin embargo, en muchas ocasiones, no podía evitar preocuparse más allá de lo razonable. Bastaba con que no la tuviera a la vista, para imaginarla sola y en problemas. Pero el acontecer diario compensaba esa fuerte y continua aprensión con los pequeños y grandes instantes en los que mamá y su preciada criatura se entregaban la una a la otra de manera absoluta. Era entonces cuando los relojes se paralizaban y la realidad del alrededor se suspendía como en imágenes congeladas. Unos segundos después, todo desaparecía para dejarles solas a ellas dos. <br />
<br />
Con su hijita, mamá había encontrado, sin darse cuenta, un faro con el que guiarse, un punto donde fijar su atención y centrar todos sus esfuerzos. Se liberó, también sin darse cuenta, de su individualidad y de los anhelos de su persona, para volcarse de lleno en ella. Era como separarse de sí misma, olvidar las lastras angustiosas que arrastraba sobre su propia condición y existencia, para objetivar en una persona externa a ella todas sus preocupaciones y deseos. Todo ello, sellado con el cemento glorioso y abnegado de ser madre. De ser madre de una niña real y adorable que crecía y vivía. <br />
<br />
Sin embargo, la niña dejó de crecer. Al principio, mamá creyó que su hijita no llegaría a ser demasiado alta o que daría un estirón más tarde. Pero los años seguían pasando y la niña no crecía. Cumplió diez, doce y quince años, y ella seguía teniendo la misma cara angelical de cuando tenía seis años. Y el mismo cuerpo. Y las mismas piernecitas, los mismos bracitos. Dieciocho, veinte y veintidós años. Y la que ya era mujer seguía con la  misma cara de niña. Y con el mismo cuerpo.<br />
<br />
Mamá estaba angustiada. Mamá sufría. Mamá llevó a su niña a decenas de médicos. Mamá llevó a su niña a decenas de curanderos. Mamá lloró y se desesperó durante una agotadora lucha de años de visitas, consultas y lecturas. Mamá se extenuó hasta dar su último aliento en la búsqueda de alguna información o ayuda que pudiera explicar la situación de su hija. Mamá recorrió un calvario de más de quince años donde exprimió hasta la última gota de su sudor, de su energía, de su esperanza. Más de quince años avanzando hacia la destrucción lenta y constante de sí misma. Semanas enteras de angustia a las que les sucedían nuevas semanas de mayor angustia. Más de quince años así. Y mamá murió un día. Fue una mañana en la que amaneció y ya jamás pudo despertar y ya jamás consiguió levantarse de la cama. Esa mañana no abrió los ojos, ni lo hizo nunca más. Allí permaneció. Allí murió.<br />
<br />
Pero lo más curioso era que la hijita jamás había dejado de comportarse como la niña de seis años que era. Parecía como si no fuera consciente de su anormalidad. Cuando llegó a esa edad, se mantuvo en ella sin ninguna extrañeza, ni sorpresa, ni problema. Sonreía siempre, al lado de mamá, como si permaneciese ajena por completo a la situación real en la que se encontraba. Jamás se le oyó un lamento. Jamás se le oyó una queja. Era como aquellas niñas buenas que desde muy pronto aprenden a entretenerse con poca cosa. De esas que en seguida se vuelcan en cualquier juguete que les des. O en cualquier juego que les hagas. Se divertía sola, con muñecos, con pinturas para colorear, con plastilina, con cromos, con maquinitas de colores y sonidos. Se divertía con las carantoñas de los adultos, con las canciones que le cantases, con los cuentos que le contases. Se divertía con otros niños, en los parques, en la calle, en las innumerables salas de espera por las que pasó. Era una niña buena. Y hacía siempre preguntas. Si no estaba jugando, siempre hacía preguntas. Y mamá procuraba olvidar su angustia y hacía un esfuerzo ímprobo por contestarle o explicarle las cuestiones que le planteaba la niñita. Comía sin problemas. Nunca lloraba y dormía cuando tenía que hacerlo y no despertaba hasta que mamá la llamaba. Así, durante los quince años que duró el infierno en la tierra por el que pasó mamá. Lo único que no encajaba en su comportamiento de niña buena era cuando ni jugaba, ni preguntaba. Era cuando, sin embargo, se quedaba callada. Sólo te dabas cuenta al rato, cuando de repente, percibías que se había producido un silencio a tu alrededor. No se oía el ruido de ningún juguete, ni la voz de ella, ni la de nadie que estuviera a su lado. Sólo silencio. Un silencio absoluto. Un silencio nervioso y cargado de miradas. De sus miradas. De las miradas de la niñita. Era entonces cuando mamá se desconcertaba. Nunca supo entender lo que quería expresarle su criatura con esas miradas. Se le quedaba con los ojos clavados en los suyos, con la cabecita un poco ladeada hacia la izquierda, con el ceño fruncido y los ojos llenos de ternura pero también de desacuerdo. ¿Desacuerdo sobre qué, preciosidad mía?, se preguntaba mamá a sí misma. Venga, bonita, no te pongas así, dime, ¿qué te pasa? ¿en qué piensas? ¿estás bien? Pero eran preguntas inútiles. La niña siempre permanecía callada. Como mucho, cruzaba los brazos. Pero nunca pronunciaba palabra alguna. Sólo esa mirada de ternura y de desacuerdo. <br />
<br />
Recuerdo que cuando mamá murió, no me permitieron la tutela de la niñita porque no era un familiar directo. Los servicios sociales se hicieron cargo de ella. Y yo la estuve visitando a diario hasta que el caso de la niña que no crecía llegó a instancias superiores del gobierno y se comprobó la verdadera fecha de nacimiento de la hijita de mamá. Fue entonces cuando la niñita desapareció. Pedí explicaciones de su desaparición a la autoridad de mil formas y maneras. Intenté que la prensa difundiera la historia pero nadie me creyó. Incluso sentí el rechazo de gente cercana del barrio donde vivía y de la oficina donde trabajaba. Me cansé de preguntar en ventanillas y despachos. Me cansé de entrevistarme con gente de todo tipo. Personas que en un principio se mostraban interesados en el caso pero que en seguida se volvían huidizas y esquivas. Me cansé de rellenar formularios, peticiones y reclamaciones. Me cansé... <br />
<br />
Ya han pasado treinta años desde que mamá murió. Treinta años desde que la niñita desapareciera. Por lo que, al día de hoy, ella tendría que tener cincuenta y un años. Y sin embargo, sólo tendrá seis. Y vivirá y sentirá como una niña que no se asombra de lo que sucede a su alrededor, como si jamás pasara el tiempo y siempre estuviera en el mismo año. En el año en el que cumplió sólo seis.<br />
<br />
MORALEJA EN EL SIGUIENTE POST.<br />
<br />
SUGERENCIA: QUE LO INTERPRETÉIS A VUESTRO ANTOJO PORQUE NO TIENE UNA ÚNICA MORALEJA O CONCLUSIÓN O MENSAJE.<br />
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</item>
<item rdf:about="http://genadie.bitacoras.com/archivos/2005/11/14/entre-dia-y-dia-de-trabajo-una-pausa-por-favor">
	<title>Entre día y día de trabajo, ¡una pausa, por favor!</title>
	<link>http://genadie.bitacoras.com/archivos/2005/11/14/entre-dia-y-dia-de-trabajo-una-pausa-por-favor</link>
	<dc:date>2005-11-14T22:30:47Z</dc:date>
	<dc:creator>Genadie</dc:creator>
	<dc:subject>Como te estaba diciendo...</dc:subject>
	<content:encoded><![CDATA[Buenos días, chicos!<br />
<br />
No, Blenfes, retal mío, no estoy traspasando el local... es que con mi otro trabajo ando apenas sin tiempo y he tenido que confiar en mi amigo Antonio para que lleve él la cafetería en mi ausencia... pero ya he vuelto, chicos... De veras: con el final de año, ahora estoy trabajando hasta los topes...<br />
<br />
Pero no todo es estar en la oficina. Pasé de nuevo un fin de semana agotador por el exceso de salidas y trajines. Me junté con mis amigas de la ONG con la que colaboro y fue tener algo de pasta en el bolsillo para que todo Madrid se rindiera ante nosotros. <br />
<br />
El sábado al mediodía nos fuimos de cañas y de tapas por La Latina y por la Plaza de Dos de Mayo y calle la Palma... Comimos demasiado chorizo, salchichas, papas fritas, croquetas y calamares... Bailamos sevillanas cerca de Puerta del Sol, en un paso de peatones, con unos que iban vestidos de gitanas y que iban al partido de España... Cantamos flamenco y carnavales en un bar hasta que nos mandaron callar... En un antro que abría pronto, y que estaba vacío cuando entramos, me dejé pelar por una de mis amigas... estaba sentado en la barra charlando con otra y, en eso, que me llega aquella por detrás con unas tijeras en la mano que le había pedido al camarero... y allí mismo, junto a la barra, entre copa y copa, casi me hicieron un estropicio con el pelo... al final, nos obligaron a que barriéramos nosotros el suelo... y muy suave fue la penalización del camarero... Luego, para cenar, fuimos a uno de esos bares de la cadena Patatín y allí nos liamos a croquetazo limpio... y mi jersey beige acabó como testigo irrefutable de la contienda cuando se volvió multicolor... la pelea concluyó cuando hubo el primer herido: me dieron con salsa picante en la ceja y aquello me empezó a escocer como un condenado... terminamos haciéndonos amigos del camarero, que era peruano, y nos contamos nuestras vidas, y acabamos regalándole una foto de cuando estuvimos en Huelva, y donde aparecemos disfrazados de vaquita, marinero y las chicas con el gorro de bruja... se la dedicamos por detrás... El café de después de la cena nos lo tomamos enfrente y, aunque no iniciamos ninguna guerra, también acabamos regalándole otra foto a otro camarero, negro como el tizón, y más simpático que las pesetas... también le dedicamos la foto por detrás... al ver la foto, donde sólo aparecía mi amigo de vaquita, se empezó a descojonar y se la mostró al resto del bar... empezó a jalearlos y no paró hasta que consiguió que algunos de otras mesas nos aplaudieran... Para irnos de marcha, acabamos en una discoteca de Chueca y ya dimos todo lo que nos quedaba de energía... y el DJ era tan majo que nos fue poniendo algunas de las canciones que le pedimos... pero las copas ya entraban con dificultad y nuestros cuerpos no respondían igual de bien que a la mañana: ¡teníamos todos los estómagos hechos una mierda...! Pero como campeones acabamos hasta las siete de la mañana... ¡y por fin para casa...! ¡Qué reventaera...! ¡Qué palizón...!<br />
<br />
Con ganas de transmitiros mi alegría y mis primeros deseos navideños, os dedico una poesía que voy a empezar a escribir ahora mismo... a ver qué sale...<br />
<br />
Si me llevas contigo, hazlo deprisa,<br />
No quiero esperar, ya quiero ir,<br />
Hasta que acabe muerto de risa,<br />
Corriendo hacia ti,<br />
Sin pulso, ni vida,<br />
Abatido por tu sonreír.<br />
<br />
Herido de muerte por la ilusión,<br />
Es como yo quisiera acabar,<br />
Entonando la última canción,<br />
La del final soñado y el dulce esperar,<br />
Hasta que renazca de nuevo, <br />
Y vuelva a comenzar,<br />
A reír, a cantar y a soñar.<br />
<br />
Pronto será navidad: <br />
Indiferencia, tristeza o alegría,<br />
Lo que sea, tanto nos da,<br />
¡Pero que sea navidad todos los días!<br />
Para que siempre lo celebremos,<br />
Como aquella vez en que fuimos felices,<br />
Para que todos esperemos,<br />
Que si entonces fue posible.<br />
¡Por qué no serlo ahora, narices!<br />
<br />
Besos... ¡y cuidado con el café, que quema...!]]></content:encoded>
</item>
<item rdf:about="http://genadie.bitacoras.com/archivos/2005/11/03/con-treinta-anos-y-yo-con-estos-pelos">
	<title>Con treinta años y yo con estos pelos...!!</title>
	<link>http://genadie.bitacoras.com/archivos/2005/11/03/con-treinta-anos-y-yo-con-estos-pelos</link>
	<dc:date>2005-11-03T13:37:47Z</dc:date>
	<dc:creator>Genadie</dc:creator>
	<dc:subject>Como te estaba diciendo...</dc:subject>
	<content:encoded><![CDATA[Como ya sabéis algunos, acabo de pasar cuatro días de puente en Isla Canela, una preciosa playa de Huelva junto a la frontera con Portugal. Estuvimos cinco chicas y cuatro chicos, de edades varias, en el que la media serían los treinta años. <br />
<br />
Lo teníamos todo para pasárnoslo bien: una casa en la misma línea de playa, una furgoneta de nueve plazas para llevarnos a todos sitios, restaurantes y pubs para comer pescado y tomar copas y varias ciudades bonitas del sur de Portugal para visitar y pasear por ellas... todo ello, aderezado con un espíritu común a casi todos de dejarnos llevar por lo que los planes dieran de sí, sazonado con una alegría desbordante de quien no tiene nada que perder y todo por hacer entre gente cojonuda... ah! También teníamos un reno de peluche ataviado con un gorro de papá noel y un monopatín en una pata... fue nuestra mascota y se portó como un campeón... y si le dabas en la mano, andaba de lo más gracioso y cantaba una especie de villancico en inglés muy cachondo... <br />
<br />
El plato resultante produjo escenas para el recuerdo. Una mañana fuimos a la playa de Isla de Tavira, en Portugal, a la que se llega cruzando un tramo de río de un kilómetro en unos pequeños barcos. Comenzamos con juegos de acrobacia y haciendo pilates y acabamos tomando vino blanco bien frío mientras nos contábamos chorradas. La playa estaba desierta y el día se clareó enseguida, y mejor y más a gusto no se podía estar. El problema era que el último barco que te llevaba a la ciudad salía a las seis de la tarde. Y esa hora empezó a llegar sin que nadie quisiera moverse de allí. Fue entonces cuando el grupo se posicionó en dos bandos bien claros y distintos. Los que usaron el sentido común y propusieron irse de la playa para ver Tavira, y los que prefirieron quedarse en la playa, perder el barco y luego improvisar lo que se haría a la noche. Por supuesto, yo me encontraba en este segundo grupo. Así que finalmente nos quedamos dos chicos y tres chicas. Los demás se fueron y cruzaron el río. <br />
<br />
Nuestro plan era pasar allí la noche pero, en cuanto oscureció, nos dimos cuenta de que no teníamos ni comida ni nada para beber. El único chiringuito que estuvo abierto, también cerró. Empezó a hacer frío, exploramos la isla e intentamos buscar refugio y comida en alguno de los chiringuitos vacíos. Muy pronto decidimos que, en esas condiciones, lo mejor era volver con los demás para irse a cenar a la ciudad, si es que aún los otros estuvieran esperándonos. Así que nos acercamos a la dársena e intentamos localizar algún barco para que nos cruzara al otro lado del río. Después de varias pesquisas nos dimos cuenta que no habría forma de hacerlo. En eso, que alguien cayó en la cuenta que teníamos una barca hinchable con remos que, aunque era de niño pequeño, aún nos podía servir para que cruzara alguien y desde el puerto de la ciudad pidiera ayuda y encontrara a algún marinero que fuera a rescatar a los demás... me presté voluntario, por supuesto. Y con la ayuda del otro chico, allí nos teníais que ver a los dos afanados en no hundirnos con la mierda de barca en la que íbamos y propulsándonos con unos remos bastantes pequeños que apenas podían hacer fuerza para contrarrestar el efecto de la corriente. Vamos, una estampa lamentable y ridícula para gente de nuestra edad. Mi amigo lo pasó realmente mal durante algunos instantes porque en algunos puntos no conseguíamos avanzar por mucho que remáramos y, en otros puntos, la corriente nos hacía dar vueltas en redondo. Yo, en cambio, me lo estaba pasando como un auténtico enano. Lo peor que nos podía suceder era abandonar la barca y tirarnos a nadar. El tramo era muy corto y yo ya había nadado en condiciones peores y en mar, con más fuerza que lo que presenciábamos. <br />
<br />
En fin, que ya era noche cerrada, estábamos muertos de frío, la barca ya estaba llena de agua por dentro y nuestras amigas gritaban a todo trapo desde la otra orilla palabras de ánimo y el estribillo de we’re the champions. Lo dicho, bastante triste. Pero lo conseguimos y llegamos al otro lado del río. Mi amigo, sin embargo, tuvo tan mala fortuna que, al escalar para subir a la dársena, no sé con qué se dio, pero se hizo un corte tremendo en la rodilla y apareció arriba con toda la pierna sangrando. La herida no tenía importancia pero la imagen era espectacular, parecía como si se hubiese abierto la pierna y se fuera a desangrar. Eso, después, nos ayudó para causar pena y conseguir que algún marinero nos hiciera caso. Así que nos fuimos para el restaurante del club náutico y allí nos topamos con dos portugueses encantadores, de unos cincuenta, que se prestaron para ir en su barco a por las chicas. ¡Coño, que ya llevamos media hora dando vueltas por aquí y esas estarán todavía esperando en la orilla del otro lado! El rescate tuvo lugar sin contratiempos y ya por fin nos reunimos todos. Ellas habían conseguido hablar con el otro bando de nuestra pandilla, el del sentido común, y volvieron con la furgoneta a recogernos a todos al puerto. ¿Y cómo acabamos todos? Pues tomándonos unas cervezas con los marineros en el bar aquel, por supuesto. Y allí estuvimos, hablando sobre Portugal y España, sobre los lugares y las costumbres que nos semejan y nos diferencian... En fin, un final feliz para una aventura que nosotros mismos provocamos sin necesidad ni sentido.<br />
<br />
Bueno, como esta escena, en cuanto a que no tuviéramos ni cuidado ni maneras de comportarnos, hubo varias más, aunque no de este tipo en plan “dramático”... como cuando robamos unos gorros de bruja y unos disfraces de un bar sin ningún tipo de disimulo, nos lo pusimos todo fuera en la misma puerta y fuimos justo al bar de al lado con unas pintas bastante penosas: aunque era la noche de Halloween, a mi amigo le tocó un disfraz de vaca tipo encantadora y a mí uno de marinero medio gay... todo menos tétrico o acorde a la noche de los difuntos... O cuando nos teníamos que volver a Sevilla de vuelta para pillar el AVE y, después de comer, nos quedamos tres en la playa despidiéndonos del mar, cantando, bailando y pegando saltitos para, luego, fumarnos el último cigarro en un escalón de arena mientras los demás llevaban ya un rato gritándonos desde el balcón de la casa que subiéramos de una puta vez porque perderíamos el tren... <br />
<br />
Lo que quiero reflejar es que fueron escenas donde no quisimos tener un mínimo de cabeza, ni de organización, que nos dejamos llevar por la irresponsabilidad, la improvisación y el azar. Los dos bandos que se formaron en aquella playa se hicieron más definidos a lo largo del viaje aunque ello jamás suscitó ningún problema. Cuando nos daba por hacer el idiota, los más tranquilos se juntaban entre sí y nos miraban con una mezcla de extrañados, enternecidos y con lástima. <br />
<br />
El caso es que recuperar un toque de inmadurez nos sentó como una bendición. Fue una forma de hacer ilusionismo para volver a edades perdidas. Os podéis imaginar que nos pasamos los cuatro días riéndonos, diciendo absurdeces y cantando mil coplillas o canciones de flamenco rumbosas (iba con tres extremeños que son primos hermanos de los andaluces). Y todos somos conscientes de que ya cumplimos los treinta, que llevamos ya unos años trabajando, con una ocupación seria y de responsabilidad, y que ya es el momento de irse planteando asuntos más importantes que el de dónde irse de puente o de fin de semana. Asuntos graves como comprarse una casa, o irse a vivir con tu novia o novio, o ahorrar dinero, o pedir una hipoteca, o casarse o no... En fin, lo típico: mis amigos van cayendo uno a uno en ese círculo de la edad madura y ya me estoy cansando de ir a tanta boda de los cojones. Pero, de veras, que esto es algo que lo veo con toda la naturalidad del mundo, que conste... pero sólo de pensarlo, me da una pereza enorme... es algo que no tengo ninguna prisas por pasar... y así voy, que me niego a tomarme en serio a ninguna chica, que me niego a decidir el lugar en el que quiero vivir de forma definitiva, que me niego ahorrar para afrontar gastos de otro peso al que no estoy acostumbrado... ¿y cuál es el resultado? Pues que soy un niñato que se resiste a asumir un paso de una edad a otra, al igual que ya lo hizo antes cuando, con toda la naturalidad y tranquilidad, dejó hace muchos años de perseguir a sus amigas por las playas de Cádiz para robarles el coletero de la cabeza... <br />
<br />
(por cierto, el bando de los descarrilados tenían 27, 28, 29, 30 y 34 años cada uno... los “mayores”, 37, 40 y 41... así que había de todo)<br />
<br />
Y el debate es: <br />
<br />
<b>¿Es bueno resistirse a entrar en esa edad en la que debes formarte un núcleo familiar propio o tomar decisiones de otro calado...? ¿con treinta ya no estamos para hacer tanto el chorra...? <br />
</b><br />
Plantearlo cómo queráis. Supongo que entendéis a lo que me refiero...<br />
<br />
Por cierto, me he olvidado de ofreceros un café... A ver, dime, ¿cómo te lo preparo? ...anda, toma un poco de pastel de chocolate... hazme caso, que está buenísimo... Uy! Que está lloviendo otra vez ahí fuera... cierra las ventanas... espera un momento, que voy a poner música más tranquila... sí, ahora... bueno, ¿para quién era con leche, en taza y leche templada...?]]></content:encoded>
</item>
<item rdf:about="http://genadie.bitacoras.com/archivos/2005/10/28/sobre-la-soledad-y-como-salir-de-ella">
	<title>Sobre la soledad y cómo salir de ella</title>
	<link>http://genadie.bitacoras.com/archivos/2005/10/28/sobre-la-soledad-y-como-salir-de-ella</link>
	<dc:date>2005-10-28T14:41:26Z</dc:date>
	<dc:creator>Genadie</dc:creator>
	<dc:subject>Piezas</dc:subject>
	<content:encoded><![CDATA[<i>“Me siento solo...<br />
<br />
...la vida es silenciosa cuando sólo podemos oírnos a nosotros mismos...<br />
<br />
...la vida es un telar de silencio confeccionado por lana hecha a base de gritos desesperados condenados a escucharse a sí mismos...<br />
<br />
...la vida es sorda y de una quietud estremecedora en la que la serenidad se deshace en jirones de lamentos profundos y amargos...<br />
<br />
...la vida es de una calma que hiere, de una insipidez que te destroza las papilas de la lengua y que te arquea el paladar hacia fuera, desencajándote la mandíbula ante un sabor sin sabor y, sin embargo, tan abrumadoramente espeso que es como si probaras un bocado de tu propia alma, consciente de que no sabe a nada pero sabe a todo...<br />
<br />
...la vida envenena la vida...<br />
<br />
...tu vida, la vida de los demás, sólo sirven de respuestas sangrantes a mis preguntas...<br />
<br />
...verte, veros... conocerte, conoceros... es como rellenar un cuestionario malvado que te va dando las soluciones a tus interrogantes...<br />
<br />
...y las respuestas, una por una, son que no hay nada detrás de la última  puerta...<br />
<br />
...muere y déjame en paz. Mataos todos y dejadme en paz...<br />
<br />
...sólo sois demostraciones de mi fracaso, testimonios del llanto sincero de quien llora a solas sin importarle que nadie le oiga, ni le consuele, seguro de que sólo le quedan fuerzas para llorar y no para buscar a nadie, lágrimas puras y malditas que no debieran ser inventadas por nadie, lágrimas que uno jamás reconocerá haberlas vertido, lágrimas de la soledad más señera que avergüenza confesar, lágrimas que arañan el alma y que mueren con nosotros, como un secreto que quisiéramos esconder al mismísimo Dios...<br />
<br />
...¿por qué no desaparecéis todos? Sólo hacéis que se vuelvan más insoportables los estrépitos de mi silencio, que corra más deprisa hacia ningún sitio para huir de vosotros, para que no oigáis mis quejidos, para dejad de oírlos yo mismo, con el miedo a que revienten mis tímpanos, con el miedo a que jamás vuelva a ser el mismo, a que me hieran de una muerte lenta que me consuma y me castigue a vivir eternamente...<br />
<br />
...iros. Me hacéis sentir solo y desesperado, solo de verdad, de la única y última soledad que existe, como si lo único que me quedara fueran mis uñas para rascar la madera de la tapa que me relega al interior de un féretro sepultado bajo la tierra....<br />
<br />
...iros, dejadme solo. ¿Cuándo seré capaz de llorar buscando a alguien que me tranquilice? Lágrimas negras, no pudráis la piel de mi rostro...<br />
<br />
...no quiero llorar sin buscar a nadie, no quiero mis uñas para expirar mi último aliento, no quiero correr huyendo, no quiero tener miedo ni avergonzarme, no quiero ocultarme de nadie ni de Dios, no quiero estar solo como si no lo estuviera...<br />
<br />
...que brille mi cara por las lágrimas limpias, por las lágrimas del que necesita una palabra amiga, un golpe de ánimo en la espalda. Que mis lágrimas sean el reflejo de la luz de los demás...<br />
<br />
...que ojalá algún día quiera estar solo, que ojalá algún día sea yo quien busque el silencio y no sea el silencio quien me ahogue con sus manos de porcelana...<br />
<br />
...no quiero desgarrarme porque quiera escapar de todos...<br />
<br />
...sólo quisiera quedarme a solas porque así pueda disfrutaros más, sin huir de nadie, sin huir de nada... a solas conmigo y pensando en vosotros...<br />
<br />
...ojalá...”<br />
</i><br />
<br />
<br />
¡Muy buenas, amigos! ...la aclaración de todo esto está en el primer comentario de este post...<br />
]]></content:encoded>
</item>
<item rdf:about="http://genadie.bitacoras.com/archivos/2005/10/27/cafe-con-apellidos">
	<title>Café con apellidos</title>
	<link>http://genadie.bitacoras.com/archivos/2005/10/27/cafe-con-apellidos</link>
	<dc:date>2005-10-27T11:38:31Z</dc:date>
	<dc:creator>Genadie</dc:creator>
	<dc:subject>Como te estaba diciendo...</dc:subject>
	<content:encoded><![CDATA[¡Buenos días, compañeros!<br />
<br />
¿Qué tal la mañana? ¿Uno con leche...? ¿con leche templada, corto de leche y en vaso, azúcar no, sacarina por favor....? Perdona, ¿me puedes repetir...? <br />
<br />
Pero qué pequeños cabronazos estáis hechos los españoles con eso del café.... porque allá donde te sales de Finisterre o de Irún, de Ayamonte o de Cabo de Gata, allá donde dicen que es el extranjero, la peña no está nada acostumbrada a nuestros gustos tan sibaritas y tocapelotas (¿habéis sido alguna vez camareros...? ¿y con la cafetería a reventar de gente...? Pues eso...) <br />
<br />
Tú estate en un bar en el extranjero y ten cojones si puedes de añadirle al nombre del típico "coffe with milk", uno de esos apellidos largos y lustrosos que no acaban nunca y en el que especificas hasta los gramos del azúcar que quieres o el nivel de densidad de la espuma de la leche... ¡el careto que te va a poner el camarero de turno va a ser guapo...! <br />
<br />
Si el pobre guiri (¿acaso el guiri no lo serías tú?) se lo toma pensando que estás de coña, maldita la gracia que le hace cuando tiene treinta y cuatro mesas que atender, le sonrío al pollo este porque no me queda otra, pero déjate de gilipolleces y no me vuelvas a repetir que lo quieres en taza, con leche fría, largo de... Aaagghhh...!! Pero si se lo toma en serio, es peor... porque con la mirada te va a decir que no le toques los cojones, ¿es que no ves que estoy trabajando?, y que para tres euros que te va a costar, vete a tu puta casa y te lo tomas alí... y que te dé buen gusto... Joder con los "fuck spanish people"...!!<br />
<br />
¿No es más sencillo pedirlo solo o con leche y punto...?<br />
<br />
Pero eso sí... que sería de esta vida sin esos ratos de relajo, en la terraza de un bar, tomando café, sin prisas, con la charla de algún colega y pillando un cigarrillo cuando el tema se pone interesante... por no hablar de esos domingos resacosos, en los que bajas a comprar el periódico sobre las dos de la tarde  y ya aprovechas para leértelo en un bar, tranquilo, con tu cafelito y olvidándote de que te esperan en casa para comer...<br />
<br />
Pues eso, que tengáis paciencia con los waiters... pero a mí me podéis dar todo el coñazo que queráis... soy todo vuestro...<br />
<br />
...por cierto, Laura, ese periódico... sí, sí... El Mundo que tienes en las manos... pues ese periódico es de hoy... haz el favor de no llevártelo... <br />
]]></content:encoded>
</item>
<item rdf:about="http://genadie.bitacoras.com/archivos/2005/10/22/la-moral-de-la-muerte">
	<title>La moral de la muerte</title>
	<link>http://genadie.bitacoras.com/archivos/2005/10/22/la-moral-de-la-muerte</link>
	<dc:date>2005-10-22T20:32:11Z</dc:date>
	<dc:creator>Genadie</dc:creator>
	<dc:subject>Como te estaba diciendo...</dc:subject>
	<content:encoded><![CDATA[¡Muy buenas, familia!<br />
<br />
Os estais poniendo morados, cabrones... mira que os doy un poco de confianza y ya veo que hasta os lleváis pasteles en los bolsillos para casa... sí, sí, Laura, que te los llevas para unos amigos que no tienen dinero... pues no cuela... a ver, trae para acá... <br />
<br />
(cartel pegado debajo del espejo en la pared de detrás de la barra):<br />
<br />
(TODO LO QUE DES A UNA PERSONA ES ALGO QUE PIERDES DE DENTRO. UN CONSEJO, UNA SONRISA, ES UNA CESIÓN DE ENERGÍA QUE DESGASTA. PERO SI TIENES PACIENCIA Y CONFÍAS EN LAS PERSONAS, MÁS PRONTO, MÁS TARDE, RECIBIRÁS COMO POCO, UN BESO O UN ABRAZO)<br />
<br />
Bueno, chicos, que ando últimamente, desde hace un par de semanas, con una teoría que me ronda por la cabeza... incluso le di título (lo tenéis ahí arriba, en grande y en negrita) y es que mi método científico discurre de lo general a lo concreto (inductivo, de toda la vida)... me creo mi marco general y luego voy bajando, premisa a premisa, a la tierra real...<br />
<br />
Pues bien: la moral de la muerte tiene dos vertientes que tienen que ver con el significado de moral. Por un lado, la moral es un conjunto de leyes que regulan el comportamiento y, supuestamente, dirigidas hacia el bien (cito de memoria, no llevo diccionario a mano). Por otro lado, la moral la empleamos también para referirnos al ánimo o entusiasmo con el que nos enfrentamos a la realidad (esa frase tan conocida de "tienes más moral que el Alcoyano").<br />
<br />
Pues bien: si uno reflexiona sobre la muerte, está reflexionando sobre la vida. Es como empezar desde el final para llegar al principio. Pero una y otra están implícitas en el mismo concepto. Es algo a lo que hay que acostumbrarse sin más. Y la muerte es algo así como la ausencia de todo para alguien que es consciente de que vive y que pregunta. La nada es ese espacio de ausencia al que llega alguien que esta vivo y es inteligente cuando muere.<br />
<br />
Pues bien: encajar la posibilidad de que algún día tengamos que embarcarnos en esa nada, cuando estiremos la pata, es una tarea que contraviene la misma naturaleza del hombre, quien se aferra a la vida para poder desarrollarse y, simplemente, ser. <br />
<br />
Pues bien: yo voy a intentar demostraros que esa tarea es posible. De hecho, no hay vida más cierta que aquella que se conjuga con la muerte y que no la esconde bajo la alfombra (Joder, hay un huevo de pensadores que ya lo han demostrado. Bueno, <a href="http://genadie.bitacoras.com/archivos/2005/10/17/citando_a_cioran" target="_blank">Emile Cioran</a>, un filósofo rumano del que os hablé en un post anterior, el pobre mío jamás lo consiguió. Es una lectura sólo recomendable para optimistas patológicos)<br />
<br />
Pues bien: si no tuviéramos ese fin cierto que a todos nos ha de llegar, si fuéramos eternos como los elfos y otras criaturas fantásticas, nuestra misma vida sería algo que, a la larga, dejaría de tener valor. O sea, que para el caso es lo mismo. Porque como habría tanto tiempo, todo el que quieras, pues algún día llegaría en el que nos aburriríamos y en el que desearíamos acabar con nuestra vida. La vida de los elfos sería algo así como la nuestra pero redimensionado a lo bestia.<br />
<br />
Bueno, al tema. Con esa fecha de caducidad grabada en el fondo de nuestras pupilas, ese punto negro que devora lo incierto y lo seguro que nos acontece, tenemos como una especie de margen de maniobra limitado. Y a ese margen hay que atenerse. Y eso, aparte de los cientos de inconvenientes que posee y que todos conocemos, también tiene una ventaja. Y es una ventaja cojonuda. A ver os explico:<br />
<br />
En el trasunto por estas vidas que nos ha tocado sin que la pidiéramos. En este embrollo de cojones en el que tenemos que encontrar nuestro hueco sin que nadie nos haya dado pista alguna. En ese caminar, nos vamos encontrando todo tipo de situaciones en las que, lejos de que seamos nosotros los que decidamos que ocurra de una forma u otra, no nos queda más remedio que encajarlas y gestionarlas tal como vienen, de forma pasiva y a posteriori. Y estas situaciones son, en numerosas ocasiones, dolorosas (Joder! Que también hay a lo que les ha tocado la lotería) Bueno, pues esos reveses negativos que te llegan sin que estés preparado ¡Ufff...! Esos reveses joden una barbaridad. Sobre todo si son aquellas situaciones en las que te han derrumbado algún pilar cierto en el que te apoyabas de forma natural y contundente. Y hablo de las traiciones. Hablo de los desamores. Hablo del desahucio al que te relegan otros (empezando por el trabajo). Hablo de la muerte de seres queridos. Hablo de la soledad cierta. Pues eso, esas situaciones en las que algo se derrumba y que era algo que necesitabas y que, con su ausencia, tienes que hacer un esfuerzo titánico como el de volver a aprender a andar... Bien, pues en esas situaciones, el inicio es desorientador, mareante, viscoso y agotador. ¿Y ahora por dónde empiezo...? –se pregunta uno con cara de gilipollas- ¡Con lo bien que yo estaba! Y este inicio desconcertante es común, como ya he dicho, a todas esas situaciones (si la más tonta os parece la de perder un trabajo, preguntadle a alguien que haya sufrido por ello)<br />
<br />
Pues bien: esos momentos en los que debemos sortear algún obstáculo sangrante, yo mismo empleo esa teoría de la moral de la muerte. En esos momentos en los que no sé por donde empezar, caigo en la cuenta de que tengo un margen de tiempo bastante escaso. Y también caigo en la cuenta de que si antes me encontraba estupendamente era porque es posible encontrarse así (parece una perogrullada,¿no? Pero hay muchos que se olvidan de ello). Y, de repente, reflexiono sobre lo que hice para ganarme eso que perdí y veo que, como le dije a cierta persona que no os es tan lejana, veo que, en el fondo, no soy mal tipo y, ¡qué cojones! que fue algo que me merecí... Entonces es cuando respiro hondo y miro hacia arriba, o hacia dentro, para buscar el rostro de la muerte... y la muy hija de puta, ni se alegra, ni se enfada, ni siente, ni padece. No me dice nada. Como el que oye llover. Si me ignorara, aún me cabrearía y podría pensar que es una estúpida y que yo voy a ser más chulo que ella... ¡pero es que ni eso! No hace nada. Y, ¡mierda! Que como me despiste, voy derechito de cabeza a ella, a la nada de la que os hablé, la misma nada que ella me está expresando ahora... Entonces, vuelvo a respirar hondo, le hago un corte de mangas a escondidas, y me digo que me voy a levantar porque, para caer en sus brazos, siempre habrá tiempo...<br />
<br />
¿A qué parece muy fácil así tal cual escrito? Ufff...! Eso de levantarse es posible porque uno ama lo bueno de la vida, porque uno ya lo ha saboreado y se ha dado cuenta de que le gusta, y porque la muerte es un elemento del que no hay que despistarse, teniéndola presente, como a un amigo pesado, pero sin obsesión, sin recrearse en ello... Eso de levantarse es posible porque uno ama lo bueno de la vida, como ya os he dicho, y quiere volver a tenerlo... Lo horrible, lo que te hace doler, por el contrario, no es que lo desee, pero sí tengo claro que es un espacio al que hay que visitar de vez en cuando y sin remedio... y te juro que uno se acostumbra (de aquella manera, claro... os juro que no soy masoca) Pues eso, que creo que hay que aceptarlo como una situación indisociable de la vida, tal como la muerte... y que ese estado donde las lágrimas explotan para evitar que lo hagan la piel, el corazón y el alma, que esos viajes a lo más solitario, oscuro, absorbente, desgastador, profundo y doloroso que albergamos dentro, ese estado y esos viajes, son historias de las que no debemos huir, sino aceptarlas como un elemento natural que hace de contraste y de escala de referencia para apreciar la vida... Bueno, ¿os resumo...?: <br />
<br />
(diálogo interno)<br />
- ¡Mierda! Mierda, mierda, mierda. Otra vez me ha vuelto a pasar. Ahora sí que estoy jodido... Dios! Como siento que me desgarro... Ufff...! Duele, duele, duele... Pues nada, qué se le va a hacer. Ya me tocó otra vez. A joderse y a esperar. Que la muerte es una saboría. Como en los cuentos de Zipi y Zape, en los que su padre Pantuflas los castigaba al cuarto de los ratones y ellos tenían a los bichos más que amaestrados. A pasar un tiempo en este cuarto odioso...-.<br />
<br />
¿Veis? Con sarcasmo. Con resignación. Sin darle más vueltas. A joderse toca. Paciencia y mucho amor propio. Que por mis huevos que de esta me recupero y vuelvo a estar como antes. No igual, pero sí bien. Que la de negro con guadaña me está esperando. ¿Qué tardo un poco más...? Pues nada, ya saldré... a apoyarse en los que me quieren, a refugiarme en lo que me gusta, que la cabrona esa nunca descansa.<br />
<br />
¿Entonces? ¿qué? No os he convencido ni de coña, ¿no? Pues a mí me funciona, os lo juro. La moral de la muerte: Pensando en ella, consigo conocer ciertas reglas que he de seguir para comportarme en esta vida, y pensando en ella, consigo animarme para seguir adelante...<br />
<br />
Por cierto, os he dicho que era una teoría que me barruntaba por la mollera... Y es con vosotros cuando he intentado darle forma, bajándola a enunciados singulares y concretos. Admito la existencia de fisuras... pero ya las iremos resolviendo, ¿no?<br />
<br />
Buen provecho con el pastel. Y que el café os dé ese toque extra de vitalidad que todos necesitamos... ¡Buen día...!<br />
]]></content:encoded>
</item>
<item rdf:about="http://genadie.bitacoras.com/archivos/2005/10/21/os-dejo-en-buenas-manos">
	<title>Os dejo en buenas manos</title>
	<link>http://genadie.bitacoras.com/archivos/2005/10/21/os-dejo-en-buenas-manos</link>
	<dc:date>2005-10-21T08:58:57Z</dc:date>
	<dc:creator>Genadie</dc:creator>
	<dc:subject>General</dc:subject>
	<content:encoded><![CDATA[Hola, hombre! Ey, mujer! ¿me equivoco o por fin hoy es viernes...?<br />
<br />
Qué tal? Esta mañana llevo prisas. He venido corriendo para abrir el local y dejaros a mi amigo Antonio para que os atienda.<br />
<br />
Cuando vuelva de mis asuntos, os estaré esperando aquí, como siempre, detrás de la barra, con la máquina moliendo grano y despidiendo  el aroma rico y embriagador del café...<br />
<br />
Por cierto, dos avisos: 1. Ya envié el artículo y me fui pronto a la cama (sí, a la cama... mmmm...) y 2. He traido de mis proveedores pasteles de almendra, milhojas de crema, bollos con chocolate y tejas de canela. Al primero que os toméis, invito yo...<br />
<br />
Ciao...]]></content:encoded>
</item>
<item rdf:about="http://genadie.bitacoras.com/archivos/2005/10/20/buenos-dias-familia">
	<title>¡Buenos días, familia!</title>
	<link>http://genadie.bitacoras.com/archivos/2005/10/20/buenos-dias-familia</link>
	<dc:date>2005-10-20T10:07:43Z</dc:date>
	<dc:creator>Genadie</dc:creator>
	<dc:subject>Como te estaba diciendo...</dc:subject>
	<content:encoded><![CDATA[Ya he vuelto de casa. Ya me duché y cambié de ropa... ¿por dónde íbamos?<br />
<br />
Pues de nuevo al ataque para empezar bien el día... ¿cómo descansaron ustedes? ¿Bien? Pues me alegro. <br />
<br />
Os invito a tomaros un café. Acabo de hacer una cafetera. También os puedo ofrecer ricos bollos de azúcar, bizcocho de limón y galletas de mantequilla recién horneadas... ¿no huelen a bollería de pueblo...? Pues pasen, pasen... sólo serán dos minutos... un café rápido y luego cada uno a sus historias...<br />
<br />
Ah! Me quedé dormido sobre la mesa a las seis de la mañana... y me desperté sin darme cuenta a las ocho de la mañana... ¡y os juro que sólo dos horas se notan....! Estoy en plena forma, lúcido y expectante (me queda un huevo de trabajo y quedadas para la tarde)<br />
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FizBan: no es que no vaya a tener tiempo de ver cosillas más adelante... es que me enganchó y tiró de mí... ¡de esta manera, ha sido más intenso que si lo hubiera hecho más con la calma...!<br />
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</item>
<item rdf:about="http://genadie.bitacoras.com/archivos/2005/10/20/en-pocas-y-rapidas-palabras">
	<title>en pocas y rápidas palabras</title>
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	<dc:date>2005-10-20T04:44:19Z</dc:date>
	<dc:creator>Genadie</dc:creator>
	<dc:subject>Caffè espresso</dc:subject>
	<content:encoded><![CDATA[<br />
<b>Nostalgia:</b> sensaciones vagas mezcladas con recuerdos ciertos que se traducen en dolor concreto por sentir la ausencia de algo que se desea pero que no se puede alcanzar por el momento...<br />
]]></content:encoded>
</item>
<item rdf:about="http://genadie.bitacoras.com/archivos/2005/10/20/sobre-hacer-el-idiota-y-el-tiempo">
	<title>Sobre hacer el idiota y el tiempo</title>
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	<dc:date>2005-10-20T02:11:29Z</dc:date>
	<dc:creator>Genadie</dc:creator>
	<dc:subject>Como te estaba diciendo...</dc:subject>
	<content:encoded><![CDATA[Aún ando por mi oficina, delante del ordenador con la hora que es ya (03:07 a.m.), ¡qué demonios hago todavía por aquí! <br />
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Además de que no haya recostado mi espalda tal cual sobre una cama horizontal y confortable desde hace más de 42 horas, encima aún no he acabado el dichoso artículo de los cojones del que ya estaréis harto de las veces que os he hablado de él...<br />
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¿y qué te ha pasado ahora para que nos andes de esta manera? ¿acaso no te dio tiempo de hacerlo ayer? <br />
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Pues no... <br />
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A estas alturas de la noche, empiezo a notar ya los primeros síntomas del cansancio: las ideas me bailan dentro de la cabeza y los dedos se deslizan lenta y torpemente por el teclado... un ardor me está agujereando el estómago después de haberlo sometido durante más de dos días enteros a sesiones intensivas e industriales de café, siempre solo por favor... la música que sale de los altavoces de mi ordenador apenas la entiendo y me retumba contra los oídos... tengo la boca seca y me estoy meando vivo... no me levanto porque tengo el culo tieso de las horas que llevo sentado en la misma silla... y los párpados de los ojos me retan a un pulso para ver quién vence a la señora gravedad... ¡pero aquí sigo! ¡al pie del cañón...!<br />
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Pero, chiquillo, ¿qué necesidad tienes de castigarte de esa manera? Anda, vete para tu casa ya... O es que acaso:<br />
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- ¿Vas jodido de pasta y necesitas la de los dos trabajos?<br />
- ¿Quieres dejar tu otro curro y dedicarte pronto sólo a periodista?<br />
- ¿Padeces de insomnio severo y tienes que buscarte algún tema con el que entretenerte durante las horas del desvelo?<br />
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Pues no es por ninguna de esas razones. <br />
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- ¿...? ¿Pues entonces...?<br />
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No ando especialmente mal de dinero. Me encanta mi trabajo y aún disfruto más si logro que me encarguen colaboraciones para revistas. Aunque necesito dormir menos de lo normal, sin la inestimable ayuda de café, siempre solo por favor, me sería imposible vencer al sueño.<br />
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Os prometo que lo hago por placer... sólo que me he retrasado demasiado para entregarlo...<br />
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Y la culpa la tenéis VOSOTROS... ¡sí, sí, vosotros..!<br />
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¿pero tendrá morro el tío? ¿y nosotros qué tendremos que ver con esto?<br />
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Pues ha sido gracias a/por culpa vuestra el que haya estado devorando durante estas dos noches y dos tardes el apasionante submundo de los blog que acabo de descubrir de vuestra mano... porque la realidad sigue más allá de lo analógico con lo que nos relacionamos con los demás y más allá de lo digital de las páginas web que era lo único que conocía... ¡y yo sin enterarme hasta ayer, como quien dice!<br />
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Sí, ha sido culpa vuestra el que todavía esté merodeando por aquí, ¡y estoy encantado! ¡sois ventanas de contenido humano! ¡guapísimo!<br />
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En fin, que todo esto me pasa por desorganizado y por enganchado... y es que he de reconocer que me he dejado absorber por la curiosidad y la lectura de los pedazos vuestros que vais desparramando por la comunidad blogger.<br />
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¡Y no pasa nada! También forma parte de mi lucha personal que mantengo contra el tiempo, ese accidente ambiental que nos atraviesa y determina a todos los mortales que poblamos la tierra. Si empleo el tiempo de trabajar a navegar por la red, he de hacerme con otra porción del monto total y limitado del que dispongo a diario. Y para ello, he de tomarlo de otras partidas no previstas, como puede ser aquella destinada al sueño.... ¡y así puedo hacerlo todo! Lo que no puedo es abusar de ello... pero me apetecía mucho hacerlo ahora... <br />
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Esta lucha personal de la que os hablo es una guerra perdida de antemano... sin embargo, voy consiguiendo también pequeñas victorias en algunas batallas que tanto me animan. La lucha consiste en ir arañándole unas horas, muy poco a poco, a esa variable maldita que nos  hace degenerar... y es que cada hora que dejas de usar para dormir, es una hora que sumas a la vida.... porque, como dijo Da Vinci, "dormir es como morir un poco" y despierto es la única forma de ser consciente y de estar provisto de voluntad con las que puedes saber que estás vivo... <br />
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Las horas que vas robando, las vas sumando de forma continua a tu patrimonio personal de horas de vida. Es al igual que esos contadores de Internet que cuentan las visitas de las páginas: apenas es perceptible el tráfico o la acumulación pero, cuando menos te das cuenta, llegas a una cifra bastante considerable y apreciada....<br />
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Así que pensadlo: ¿cuántas horas vais a robarle al sueño para llegar a una cifra de vida más alta...?<br />
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Besos...<br />
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(¿a que estoy agilipollado...?)<br />
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(Ah! Y no os he dicho que esta tarde tenía que ir a dar clases de español a un centro de inmigrantes... al cual no he ido... y que había quedado para ir a cenar a casa de unas amigas, a la cual, tampoco he ido...Pero a cambio, ¡he aprovechado para ponerme al día con algo tan guapo como lo sois vosotros! ¿y lo que yo me alegro? Encima, hurtándo a escondidas pedazos de la gloria que atesora esa engreída del tiempo... )]]></content:encoded>
</item>
<item rdf:about="http://genadie.bitacoras.com/archivos/2005/10/19/mi-mejor-amigo">
	<title>Mi mejor amigo</title>
	<link>http://genadie.bitacoras.com/archivos/2005/10/19/mi-mejor-amigo</link>
	<dc:date>2005-10-19T20:50:37Z</dc:date>
	<dc:creator>Genadie</dc:creator>
	<dc:subject>De uno que grita en silencio</dc:subject>
	<content:encoded><![CDATA[(breve aclaración: esto lo escribí en un ataque de calma cruda, en un momento en el que tenía la mente despejada aunque se agitara. Yo sólo he tenido un amigo íntimo. Uno de aquellos con el que creces juntos desde muy pequeño y que ya va asociado a ti de forma inseparable. La típica pareja de entrañables ciraturas que se adoran con la amistad más real, serena y profunda...<br />
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Pues digo que sólo he tenido un amigo de este tipo porque él se mató en un accidente. Hace ya unos dos años. Fue por entonces que escribí lo siguiente)<br />
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Ya han pasado casi tres semanas de lo de Juan Antonio. Me ha dejado jodido, bastante jodido. Era mi amigo del alma, como se dice para entendernos. Llevábamos ya muchos años viviendo en ciudades distantes. Nos veíamos menos esos últimos años pero, a decir verdad, nunca dejamos de tenernos presentes en la vida del otro y nos acordábamos continuamente con tanto atino que sólo deseábamos estar al instante los dos en el mismo lugar. Cuando nos veíamos, volvíamos a recuperar de inmediato nuestra manera de llevarnos. Siempre nos sentíamos como si hubiésemos estado toda la vida sin separarnos. En definitiva, como la típica historia de dos amigos inseparables pero con la única diferencia de que me ocurría a mí en la realidad y de que no lo sentía porque me lo contaran o lo leyera. Excepto eso, te puedes imaginar quien era él para mí.<br />
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Pero ya no está. Ni estará. Pero supongo que estoy tranquilo.<br />
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Ya he valorado mil veces lo que ha cambiado todo ahora que él no está. Ya soy consciente de que él será siempre aquel amigo increíble que tuve cuando era joven. Ya sé qué papel ha cumplido y cuánto puedo haber cambiado yo después de todo esto. Ahora me queda recordarlo con una sonrisa y concederle pequeños homenajes por el aprecio y amor profundo que le tenía. Además, ciertas de sus virtudes me sirven como estímulo para que lo imite y yo mejore: era voluntarioso, muy esforzado, hasta cabezón, como las hormiguitas y las abejas obreras. Además, tenía ese punto de inconsciente que le salvaba de tomarse las cosas demasiado en serio porque sabía en el fondo que la vida es un poco absurda y no hay que olvidarse de disfrutarla un poco.<br />
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Pues eso, que ya estoy mejor. He reflexionado desde siempre sobre la muerte como cualquier otra persona normal y siempre me he sentido un poco gilipollas y también bastante impotente. No me sirven los planes mesiánicos del cristianismo, ni la asunción fría de los materialistas o ateos. Tampoco los que hablan de energías y que lo reducen todo a 'buen rollo', a una especie de paz y armonía que nos atraviesa a todos y a todo, de forma que fluimos de ser en ser eternamente. Por ahora me quedo con que aparte de poseer una entidad física, carnal, limitada, momentánea, también poseemos una entidad espiritual por el cual hacemos las mayores de las atrocidades como también hacemos las mayores de la heroicidades o bondades. Contravenimos las reglas de la naturaleza, violamos el instinto de supervivencia y de perpetuación de la especie. Estamos capacitados para entender lo que significa la felicidad y también para sentirla. Tanto amamos, tanto sufrimos. Distinguimos el bien del mal y nos hablamos para estar más unidos o para engañarnos y conseguir algo a cambio.<br />
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No sé, somos diferentes, somos algo más que el pellejo que nos cubre y los latidos que, tal como empezaron una vez, en cualquier momento pueden parar. También participamos de una naturaleza inmaterial, de un espíritu. Y entre espíritus anda el juego. En definitiva, somos herencia todos de lo platónico y de la dualidad. Desde los griegos hemos avanzado poco en ese aspecto. Joder, qué quieres qué piense: mi educación se basa en el occidentalismo-cristianismo que, a su vez, se basa en el judaísmo-platonismo. No conozco otras asideras donde agarrarme para explicarme las cosas. Pues eso, que creo firmemente en nuestra parte espiritual cuyas reglas por las que se rige, ni las conozco, ni las entiendo, pero las intuyo. A partir de ahí, ya no soy capaz de seguir. No sé para qué servimos, cuál es nuestro papel, ni siquiera si realmente asumimos algún papel. No sé qué pasa después, si pertenecemos a alguien. Pero no me importa.<br />
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La vida tiene ese toque absurdo que te impide estar tranquilo al completo, que te imposibilita estar consciente de que lo tienes todo bajo control y bajo tu conocimiento. Ese toque absurdo que nos devuelve la intriga, la curiosidad, las ganas de seguir probando, el sin remedio de confiar en la suerte o en el día de mañana para ver si todo tiene más sentido o para ver si uno se encuentra mejor. <br />
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Yo me quedo además con esa parte espiritual con la que somos capaces de hacer cosas por los demás, de preocuparnos de algo que no va contigo, ni te va a suponer comodidades o satisfacciones. Esa parte que te hace olvidar quién eres y te hace pensar qué puedes hacer por los demás. Eso me gusta. Me gusta mucho. Y no espero ser recompensado porque no sé que hay después. Tan sólo sé que emplear la vida de esta manera sí que me ilusiona, sí que me arranca para moverme. Disfruto. Lo absurdo lo dejo aparte como esos granos de pimienta en la comida que no hay quien se los coma pero que sin ellos el plato no sólo sería otro, sino que no tendría gracia, ni sabor.<br />
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El caso es que supongo que ya habrá siempre algo menos a lo que no llegaré en todo lo que sienta o viva. Lo que teníamos entre mi amigo y yo me brindaba un último brochazo final a todo cuanto pudiera hacer y le confería al lienzo un grado de brillo y relieve que la obra jamás podría alcanzar por sí sola. Pero no estoy tan solo. Además, es cuestión de habituarse a lo absurdo, a la incongruencia matemática de no poder tocarlo cuando sé que está vivo. Lo que no sé es dónde ni en qué manera...<br />
]]></content:encoded>
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